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CALIBRE: DECISIONES FATALES

Reparto: Jack Lowden, Martin McCann, Tony Curran, Ian Pirie. Dirección: Matt Palmer Reino Unido, 2018. Duración: 100 min.

CALIBRE

CALIBRE: DECISIONES FATALES

Un sino trágico parece sobrevolar  ya en las primeras imágenes de Calibre; y a poco andar, una atmósfera sofocante y tensa va inundando las escenas como una nube fría y gris.
Una paradoja, porque esta película del debutante Matt Palmer no solo transcurre en inmensos parajes abiertos sino que es una historia en que los protagonistas, a cada paso, van optando y tomando decisiones que creen liberadoras. Pero como nos enseñó el Edipo de Sófocles, aún habiendo caminos y opciones que elegir, a veces ni los más radicales planes parecen suficientes para eludir un destino fatal.
“No vayas”. Esa primera frase que escuchamos en Calibre es un requerimiento amoroso, dicho con ternura por la mujer de Vaughn (Jack Lowden) en la tibia cama matrimonial. Es un requiebro entre jóvenes amantes, como el de Julieta instando a Romeo a que no deje sus aposentos cuando él ya se debe marchar.
No se trata, como en Verona, de un asunto dramático. Es temprano en Edimburgo y Vaughn partirá de cacería por el fin de semana con su amigo Marcus (Martin McCaan), que ya está tocando el timbre de la casa. Es una salida ritual de amigos antes de que Vaughn se convierta en padre.

HACIA LAS HIGHLANDS DE ESCOCIA

En un jeep y bien aperados toman la carretera y emprenden viaje hacia los bosques, en las Highlands de Escocia.
Una hospedería entre lomas, ubicada junto a un villorrio, los recibe.
Marcus ha sido -o se siente- el protector de Vaughn a lo largo de sus solitarias adolescencias. Son dos jóvenes que han crecido juntos, que con su amistad y lealtad a toda prueba le han ganado a una vida nada fácil.
En la  noche parten al pub, por una cerveza. Los locales les hacen sentir su condición de afuerinos. Son gente ruda y tienen sus códigos. Hay un conato de pelea pero la noche termina con una animada fiesta con mucho alcohol y bailes. Parece que no hay problemas.
A la mañana siguiente los amigos se internan en los bosques a la busca de su presa. Allí se produce un grave accidente que precipita, como en cascada, una serie de hechos que convierten el fin de semana anhelado en una pesadilla de incierto desenlace.

¿DESTINO FATAL O MALAS DECISIONES?

Palmer -director y guionista- consigue del espectador una desgarradora empatía y su total atención. Lo que les sucede a Marcus y Vaughn nos importa hasta la angustia. Son dos buenos chicos desesperados, quizás uno menos inocente que el otro, intentando retomar un sendero del que se desviaron involuntariamente.
Y lo hacen adoptando una mala decisión tras otra, como probablemente lo haríamos muchos en circunstancias extremas. Nuestro día a día se trata de ello: de elegir opciones, a veces trascendentes y muchas irrelevantes. Lo acertado de éstas dependerá de cuán bien parados estemos frente a los acontecimientos.
Aquello que llamamos destino fatal o mala suerte ¿no es más que una sumatoria de malas decisiones? Para exorcizarlo ¿bastan la prudencia, la astucia y las buenas intenciones?
En angustiantes 100 minutos Calibre nos conduce, sin que podamos preverlo, hacia una trampa moral de la que no sabemos si saldremos ni cómo.
¿Qué habría hecho usted? nos interroga, tomados por el cuello.
Lo que sí tenemos certeza es que la vida de Vaughn y Marcus habrá cambiado de manera radical, para siempre.
Y nosotros no nos habremos podido mover del asiento. Enganchados. Con el corazón en la boca.

(En Netflix).

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