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EL CAMBIO DE MANDO: LA GALA

EL CAMBIO DE MANDO: LA GALA

La gala viñamarina sirvió para tomarle el pulso a los nuevos encargados de producir y transmitir el Festival: Canal 13, TVN y Fox en una inédita asociación.
Impactante ¿no?
Pero el debut fue como de estudiante en práctica.
Partir con problemas de sonido -onda micrófonos entrecortados de animadores y noteros ad lateres- es como too much.
¿Será el caso de que tres son multitud?
No creo. Si se pusieron de acuerdo en lo básico, que es compaginar rostros, lo demás es el oficio que manejan todos los que trabajan en la industria.
Luego vino el muy esperado desfile… a ritmo de tanque a pedales.
Si hasta la Fran García-Huidobro -que no se le va una- largó la talla: así vamos a estar hasta las 5 de la mañana, dijo, con su vestido repollo (¡otra vez se lampareó!, tal como ella, con su inoxidable humor, lo reconoció).
Desparpajada y suelta como es, consiguió chicotear los caracoles. Porque los primeros desfilantes fueron una y otra vez interrogados sobre naderías varias, a medida que avanzaban por esa alfombra que es tan larga como la muralla china; pasaron por la Glam-Cam; la Dron-Cam; luego por ese horror que debiera prohibirse por decreto que es la “mani-cam” y el palo de la selfie para la galería (o sea, la señora, el campeón, la chicoca instalados tras las vallas papales desde las 7 de la madrugada).
Cuando una no es muy televita se pierde un poco: por ejemplo, no sé cómo se llama la argentina ¡re linda! a cargo de hacer pasar el bochorno de la mani-cam a los invitados. Lo bueno es que su escote y lo que intentaba tapar eran tan rutilantes que nadie notó lo feas que se ven las manos en aquel invento.
(En nuestra tele, la inmigración se carga hacia Argentina, aunque haya excepciones tropicales).

LA ROMERÍA

Mientras en el backstage un hiperventilado Hugo hacía unas entrevistas surrealistas sin mostrar al entrevistado (para que el vestuario fuera sorpresa), ya el desfile comenzó a tomar ritmo.
Bueno, es un decir: ¿se fijan que cuando se tapa la bolsa de mayonesa de repente sale un tremendo chorro?
Algo así ocurrió cuando de pronto empezó a circular por la alfombra una suerte de romería. Sí, un grupo indeterminado de gente, hombres y mujeres de distintos tamaños y aspectos de quienes nunca supimos nada. Pero nada.
Supongo que serían los siempre maltratados competidores (este es un festival ¿se acuerdan?).
Si hasta los community manager de los canales (para efectos festivaleros) tuvieron su minuto de gloria.
Antes habían pasado:
Leonor Varela, bella y fina, con un Carolina Herrera que en realidad eran como tres vestidos a la vez;
Cristina González, periodista-conductora que declaró: “Soy súper promedio chilena” (¿así como yo, que soy sub metro 60?);
Eugenia “China” Suárez, la bellísima actriz argentina casada con Benjamín Vicuña, muy rubia (se ve más linda con su pelo castaño) y muy simpática, en un fino vestido dorado beige con manguitas de plumas; Daniela Chávez, toda de rosa, tan escotada y apretada que una tenía susto de que algo iba a explotar;
Y periodistas que no siempre se sienten cómodas en estas instancias, como Paulina de Allende Salazar (“Informe especial”), y las conductoras Carolina Escobar y  Carla Zunino (que es muy pero muy bella). Mis colegas encuentro que salvaron muy bien de la situación.

LAS EXCENTRICIDADES Y LAS BELLEZAS

La modelo colombiana Paulina Vega fue Miss Universo así es que no se vale lo regia que se veía (¡estupenda!). O Mayte Rodríguez, Remedios la Bella, imposible más linda; Millaray Viera, preciosa de azul; Camila Gallardo, que flaca y joven, se puede permitir toda clase de vestidos recortados; Kathy Salosny, siempre muy bonita; las actrices Mariana Di Girolamo y Tamara Acosta, una de negro, la otra de rojo, ¡geniales!; Tonka Tomicic, que no hay manera que se vea mal. Hasta Adriana Barrientos, toda de amarillo y vaporosa se veía muy bien: nada demás (siempre que no abra la boca).
Kenita Larraín en cambio, mezcló amarillo y negro (¿a qué lo asocian? sí, eso mismo), lo que no importaría mucho si no fuera por lo apretadísima que estaba por todos lados (sigue siendo muy guapa).
Hubo vestidos con mucho rosado y mucha pluma y el invitado para aportar la excentricidad, Di Mondo, esta vez hasta se veía discreto, vestido de  vaporoso celeste en un enterito que en algo recordaba a Frozen.
Vesta Lugg aportó el atuendo inolvidable: un vestido en capas en varios colores (algunos lo asociaron a un repollo) que más bien parecía una Instalación de artes visuales, digna del MAC.

LOS NOVIOS

El cierre de este desfile termina con la llegada de los novios, o sea, los animadores. Lo que ocurrió casi a las 2 de la madrugada.
Me encanta que María Luisa Godoy haya elegido un vestido de un libanés (debe ser porque amé películas como Círculo de Engaños o El Insulto) pero se veía apagada.
Hay que saber que en estos espacios inmensos, los detalles exquisitos -el terciopelo y los toques rojos- no se ven. Ese vestido delicado y fino es para reuniones íntimas. Ella -de una belleza elegante y cálida-necesita de colores encendidos.
Martín Cárcamo, al revés, de chaqueta rojo oscuro, se veía, en contraste, excesivo. A veces es mejor no innovar.
Pero más esperado que “los novios” fue Diego Bonetta. Todo por culpa de Netflix: desde que nos partió el corazón como Micky (así le decía la mamá al cantante) en Luis Miguel, La Serie, se  convirtió en la estrella continental. Y así llegó: es lo más parecido a un rock star que vimos a noche.

EL CANJE Y LAS FRASES

¡Paren lo latoso de recitar la marca de joyas, vestuario, zapatos, maquillaje, peinado!
Y a noteros, conductores, periodistas, ¡por favor! no digan más “no quiso estar ausente”, “¡ya estamos aquí de regreso!”, “¡increíble!”.
Se llama lugar común y aburre.
Aunque anoche, no me aburrí nada.

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