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PARA SUBIR AL MADERO

PARA SUBIR AL MADERO

Por Rubén Adrián Valenzuela (Especial desde Barcelona)

Fue en Semana Santa, hace ya muchos años, con los fríos de invierno aún negándose a partir, visité en Coillure, al sur de Francia, el cementerio en que reposan los restos de Antonio Machado.

Estaba aflorando el sol y llegaba la primavera, pero hacía frío y había un silencio de congoja. En torno al sepulcro del autor de los “Campos de Castilla” la gente deambulaba como en penitencia, dejando un clavel aquí, una rosa allá y, muchos, también mustios, depositaban cartas en un buzón acristalado que alguien tuvo la inteligencia de instalar cerca del muerto: “Poeta, ruega a Dios por mi hermanito”; “Antonio Machado, Que mi novia se case conmigo”, “Poeta grande, no dejes que mi padre se pudra en la cárcel”…

Las cartas, cientos de ellas, van a dar a un archivo del cementerio de Coillure, donde una vez al año las retira alguien de la Fundación Antonio Machado, de Jaén y allí las convierten en archivos que más tarde los estudiosos estudian y los curiosos consultan, solo por curiosidad.

Antonio Machado, de cuya muerte, en febrero, se cumplieron 77 años, fue el más joven y el más prolífico de los poetas de la Generación del 98, en España. Y lo curioso es que su nacimiento, del que apenas hay documentos, se produjo en un palacio del cual, estos días se habla mucho porque lo acaban de abrir a las muchedumbres, para que se conozca cómo vivió, tras sus muros, una de las últimas grandes de España: la Duquesa de Alba.

Las Dueñas, el mismo palacio de estilo gótico-mudejar que conocieron, entre otros, Jacqueline Kennedy, Grace Kelly, Napoleón Bonaparte y Gerald Brennan.
¿Cómo llegó a ver la luz del mundo en ese lugar Antonio Machado? No hay muchas respuestas. Pero si una tradición que, cada año, por Semana Santa se repite: Hasta sus puertas, frente a la réplica del palacio de Pilatos, llegarán los promesantes, las cofradías y hermandades a cantar la saeta “El Cristo de los gitanos”, que compuso el mismo Antonio Machado.

Ante tanta coincidencia y reiteración, en Sevilla se ha echado a correr el rumor de que el poeta de los Cantares “Caminante no hay camino”, se ha vuelto milagrosos. Y que las plegarias que se le dirigen sirven para que él interceda ante la Corte Celestial. Muchos en Andalucía ya le atribuyen milagros, pese a que la Iglesia Católica se hace como que es sorda y no se da por enterada. De hecho, uno de los exvotos que alguien dejó en la tumba francesa del poeta, pedía piadosamente “que el Real Betis Club de Fútbol gane alguna vez la Champion League, o al menos, si no la gana, que permanezca en Primera”.

Dicen que el milagro hace tiempo que se cumplió, pero para mí que el poeta no sabía mucho de futbol, porque hasta hoy, que se sepa, el Betis, cuyos adeptos gritan “Viva el Betis manque pierda”, a duras penas se mantiene en los campos, apabullado por el Sevilla, su rival de siempre.

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