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THE SQUARE : UNA SÁTIRA AL SNOBISMO CÍVICO Y ARTÍSTICO

Reparto: Claes Bang,  Elisabeth Moss,  Dominic West,  Terry Notary,  Christopher Læssø. Director: Ruben Östlund Suecia, 2017. Duración: 142 min.

THE SQUARE, pelicula

THE SQUARE : UNA SÁTIRA AL SNOBISMO CÍVICO Y ARTÍSTICO

El sueco Ruben Östlund se hizo con la Palma de Oro en Cannes este año con The Square , una elegante, sofisticada y a la vez tensa sátira que en apariencia tiene poco que ver con su anterior película, Fuerza Mayor (VER COMENTARIO) (2014, premio jurado Cannes Una Cierta Mirada).
Sí tienen en común aquello de develar qué hay debajo de las armónicas fachadas rayanas en la perfección. En Fuerza Mayor era ese matrimonio joven muy bien avenido, en unas espléndidas vacaciones en los Alpes suizos con sus dos hijos pequeños y que, ante un hecho casual, dejaba ver sus trizaduras.
En The Square , Östlund despliega una historia que, como las muñecas rusas, contiene muchas subtramas -en las que se prodiga un humor nerviosamente desopilante- que convergen en su protagonista.
Christian (perfecto Claes Bang) es el muy estiloso curador de un museo de arte contemporáneo de Estocolmo, que está preparando una instalación de Lola Arias (sí, como la directora y dramaturga argentina de El año en que nací y Campo Minado, de quien nada más se dice en la película). Se trata de una muestra que invita al altruismo, la aceptación y confianza en el otro, la tolerancia, el respeto, todo aquello que el mundo bien pensante predica.
Cool, educado, guapo como modelo de ropa de marca, seguro como el macho alfa que es, Christian comienza el día dando una entrevista a una chica torpe (Elizabeth Moss, Mad Men , The Handmaid’s tale). Esta primera escena, que tiene como trasfondo una de las muestras del museo (unos montoncitos de arena a distancias precisas) da el tono de lo que vendrá: un humor oblicuo, un momento breve, intrascendente, que tendrá una continuación con no poco de absurdo y tensión.
Porque esta entrevista es como todo lo que sucede en la película, una situación simple y algo ridícula, que se va enredando, en parte, por una cierta inercia de Christian: el robo de su celular; la loca idea de uno de sus empleados de ir a dejar cartas al edificio (de 30 pisos) donde el “buscador” indica que se encuentra el aparato; la conferencia con un sujeto con síndrome de Tourette entre el público; la fiesta techno en el suntuoso lugar prohibido que deriva en lo que él no hubiese querido; su fin de semana con sus dos hijas peléandose; las reuniones donde una pareja mayor llega con una guagua llorando en su “moisés”; y la delirante campaña de marketing que un par de millenial propone y Christian, ya enredado en sus pequeños asuntos algo fuera de control, no es capaz de visar.
Magníficamente filmada, la belleza y el exceso se despliegan como en las películas de Sorrentino, pero con la paleta de colores, los espacios depurados y lo más exquisito del paisaje urbano de una Suecia moderna y límpida. En esas calles y plazas impecables, la presencia de los homeless nunca nos abandona. Y no solo como incómodo contraste: son personajes y algunos se relacionan (¿o entrometen?) con el protagonista.
Es que en su mundo inmaculado se empiezan a colar personas a las que quizás haya que temer, incluso un niño que le reclama a gritos incansables el respeto que Christian pregona.
La impresionante secuencia de la cena de gala con la performance de un hombre-gorila irrumpiendo entre la cristalería y las joyas de los invitados es una de las tantas imágenes alucinantes con que  nos bombardea la película.
Östlund es un provocador que nos pasea desde el humor a una cierta violencia que no termina de desbordarse; del cotidiano controlado y elegante a momentos de caos o instantes de miedo o de una angustia que de pronto se cuela imperceptiblemente. Desde los majestuosos planos cenitales a las conversaciones con alguna de las exposiciones desenfocadas de fondo, provocando un suspenso irónico y risible.
Divertida, incómoda, tensa, bella, excesiva, The Square es una experiencia. Lo es cada uno de los cuadros que hilan las 2 horas 20 minutos de una película única, que se abre a todas las metáforas y claves que un espectador con imaginación sea capaz de detectar.

Categorias: Comedia

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