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“DOS DÍAS, UNA NOCHE”: PLAZO PARA REINVENTARSE

DOS DIAS UNA NOCHE, pelicula 1

“DOS DÍAS, UNA NOCHE”: PLAZO PARA REINVENTARSE

Marion Cotillard fue nominada al Oscar por su rol de Sandra en “Dos días, una noche”, de los hermanos Dardenne, película que compitió en Cannes 2014.
Y no era para menos. Sandra (Cotillard) se pasea por todos los estados emocionales que una mujer puede experimentar cuando, tras ser dada de alta de una licencia de meses por depresión, se entera el viernes por la tarde, que el lunes no será reintegrada a su trabajo, luego que una votación de sus compañeros lo decidiera así.
Los Dardenne, respetados cineastas belgas, ganaron Palma de Oro en Cannes en 1999 por “Rosetta”, un drama emparentado con el de “Dos días y una noche”. También allí está en el centro una joven que es despedida de la fábrica donde trabaja, al finalizar su período de prueba, arrojándola de lleno a un estado precario contra el que lucha con rabia, tristeza y desesperación.
Estos mismos sentimientos son por los que atraviesa Sandra, porque ninguna de las dos son mujeres buscando en un trabajo su realización personal o su desarrollo profesional: son obreras que dependen de su sustento para no tener que vivir en una casa rodante con su madre borracha, en el caso de una (Rosetta), o para evitar regresar, junto a su marido y sus pequeños hijos, a una vivienda social, en el caso de Sandra.
Los Dardenne retratan como nadie el desgarro sicológico que trae aparejada la precariedad social por la que transitan sus personajes.
En “Dos días, una noche” -que transcurre en la ciudad industrial de Liège, Bélgica- la crueldad que está a la base de la historia tiene que ver con la vulnerabilidad de esos miles de seres humanos que son carne de estadística cuando se habla de empleo, producción, inmigración e ingreso per capita. Esas personas a las que un mal manejo de la economía puede ponerlos en la calle o de allegados.
Es la amenaza que pende sobre quienes han dejado los quintiles más bajos para ascender a una clase media modesta a la que nunca resulta seguro que arribaron definitivamente: la movilidad social también es descendente.
Sandra -que cuenta con un marido activamente apoyador y una amiga que se la juega por ella- está igualmente sola con su angustia, porque no hay manera de ponerle un “parche curita” en el alma a alguien que, desde la fragilidad de la convalecencia de una depresión, debe soportar el “combo” con que se la recibe.
¿Qué ocurrió para que, en su ausencia, sus compañeros de trabajo (es una pyme) votaran para que ella se convirtiera en cesante?
Es lo que averiguará Sandra ese fin de semana cuando los visite uno por uno intentando revertir su decisión, algo que en un comienzo se niega a hacer, primero escondiéndose angustiosamente bajo las sábanas de su cama y luego negándose con ira a salir “a mendigar”.
Junto a Sandra, el espectador conocerá la pequeñez y la grandeza humanas, los temores atávicos que determinan a las personas a tomar decisiones, el egoísmo primitivo y la generosidad, todo uno al lado del otro.
El camino que recorrerá Sandra ese fin de semana -que parece toda una vida- abrirán su espíritu y su mente de manera insospechada, provocando también cambios trascendentes en otros.
En “Dos días, una noche”, los hermanos Dardenne enfrentan a sus personajes a sus temores más acuciantes, poniendo a prueba su empatía, su capacidad de ser solidarios, su sentido de la justicia. Y a su protagonista la desafía a no renunciar a lo que le corresponde como ser humano: su dignidad.
Véala: no podrá despegar los ojos de la pantalla.
IDEAL PARA: aprender de sus compañero/as y sobre todo de usted mismo/a.

Categorias: Drama

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