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EL SEDUCTOR (THE BEGUILED) : ESE DELICADO (Y DIABÓLICO) JUEGO DE PODERES

The Beguiled Reparto: Colin Farrell,  Nicole Kidman,  Kirsten Dunst,  Elle Fanning,  Oona Laurence, Angourie Rice,  Addison Riecke,  Wayne Pére,  Emma Howard. Director: Sofia Coppola Estados Unidos, 2017. Duración: 91 min.  

EL SEDUCTOR

EL SEDUCTOR (THE BEGUILED) : ESE DELICADO (Y DIABÓLICO) JUEGO DE PODERES

La atmósfera sofocante sobrepasa la reja que guarda los inmensos  jardines desbordados de la blanca y orgullosa mansión sureña donde transcurre El Seductor (The Beguiled) y alcanza a esos bosques interminables, tupidos, que sudan humedad y calor, que la rodean.
Una selva que explota en sonidos de insectos y aves que no se ven. Y más o menos a lo lejos, de vez en cuando, los ruidos de cañones.
Es 1864 en Virginia —ya van tres años de la guerra de Secesión— y Amy (Oona Laurence), una niña de trenzas, es una de las cinco alumnas que quedan de una Academia de Señoritas que mantiene Miss Martha (Nicole Kidman, ¡soberbia!), con la ayuda de una profesora de francés, Miss Edwina (Kirsten Dunst).
Con la serenidad que le infunde esa isla de falsa y frágil paz que las alberga, Amy ha salido a recoger setas. Súbitamente se encuentra con un soldado mal herido. Se trata de un “yankee”, el cabo McBurney (Colin Farrell, un actor reivindicado por Yorgos Lanthimos).
Es el enemigo, pero, como indican los modales y el victoriano cristianismo de las aristócratas sureñas, McBurney es auxiliado y sus graves heridas, eficientemente curadas por la refinada y resuelta Miss Martha.

 

DE LA PELÍCULA DE DON SIEGEL AL SELLO SOFIA COPPOLA

 

Con este remake de la película del mismo nombre —basada en la novela de Thomas Cullinan—, que dirigiera Don Siegel en 1971, con Clint Eastwood en el rol del soldado, Sofia Coppola se alzó con la Palma de Oro de Cannes 2017 a la mejor directora.
Anticipándose a las comparaciones, la realizadora advirtió: “No he hecho, realmente, una película de género”.
No es lo que hizo, es verdad, pero su sello y personal estilo —ese que ya vimos en Vírgenes Suicidas, Perdidos en Tokio, María Antonieta— está allí. Y parte de él —o de su foco— son estas mujeres que en este caso, más que nunca, aparecen confinadas y atareadas en actividades aburridas e inútiles. Apartadas del mundo, como náufragos en un trozo de universo que dejó de pertenecer a su referente. Es también un tiempo detenido, en el que, eso sí, no hay por qué perder las buenas maneras ni la compostura.
El premio a la dirección no es accidental: Soffia Coppola elige acuciosamente sus escenarios (ya sea exteriores o interiores) y cada cuadro que quedará registrado por su cámara. Con ellos hilvana una atmósfera y una tensión casi imperceptibles —e incluso por momentos cómica—, sin que por ello se altere la elegancia con que continúa la rutina de esta academia en que las niñas aprenden francés y bordado.

 

EMPIEZA EL JUEGO

 

Las pulsiones eróticas de las habitantes de la casona —tan reprimidas y contenidas como cualquiera de sus más elementales emociones— se disparan con la presencia masculina. Aunque las interacciones se mantengan a punta de diálogos elusivos y deliciosamente indirectos.
El cabo, a medida que se recupera, empieza su juego de seducción. Sabe que Edwina, una mujer que se ha marchitado antes de tiempo (convincente K. Stewart), es la presa más fácil y más funcional a sus propósitos. Que la bella y joven Alicia (Elle Fanning) quiere divertirse. Que a Martha, en cambio, no la puede emborrachar con bellas frases.
La parsimonia y esa quietud aparente se quiebran de súbito: la historia da un giro hacia un thriller inquietante, un paso que Coppola da con gran oficio (y que apenas se anticipa con la irrupción de una apropiada banda sonora).
Una elipsis deja de lado una escena que define a la película de Siegel. Porque Coppola, en cambio, opta por volver la  mirada a ese universo femenino. Y lo hace apuntando a la seducción, sacándola del ámbito exclusivamente masculino: abre el concepto a su más amplio sentido.
La seducción, entonces, se yergue como lo que es: un juego de poderes y de control, que circula en cualquier sentido, que puede ser peligroso y de doble filo, que se gana en silencio, con astucia, frialdad y serenidad. Uno para el que, como en el el póker, no bastacon la carta mayor. Sin perder los estribos (o las riendas), ni la elegancia.

Categorias: Drama

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