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Ana Josefa Silva

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EL CUENTO DE LAS COMADREJAS: CÁUSTICA Y DESOPILANTE COMEDIA NEGRA

Reparto: Graciela Borges,  Oscar Martínez,  Luis Brandoni,  Clara Lago,  Marcos Mundstock, Nicolás Francella. Dirección: Juan José Campanella Argentina, 2019. Duración: 129 min.

EL CUENTO DE LAS COMADREJAS: CÁUSTICA Y DESOPILANTE COMEDIA NEGRA

A 10 años de ganar el Oscar por la intensa y dramática El Secreto de sus ojos, Juan José Campanella estrena una comedia desopilante, de un humor negro y sarcástico: El Cuento de las comadrejas.
Plagada de diálogos cáusticos y agudos como estilete, se trata de un remake (con variantes) de una mítica película argentina de José Martínez Suárez, Los muchachos de antes no usaban arsénico (1976); sin duda, un guiño a Arsénico y encaje antiguo (Frank Capra, 1944, que a su vez se inspiró en una obra de teatro).
Si el guión y los diálogos resultan una delicia de principio a fin, las contundentes actuaciones de sus cuatro protagonistas contribuyen de manera decisiva al gozoso resultado: Graciela Borges (La ciénaga), Oscar Martínez (Copa Volpi al mejor actor en Venecia por  El Ciudadano Ilustre (VER COMENTARIO), Marcos Mundstcok (Les Luthiers) y Luis Brandoni. A ellos se acoplan a la perfección Clara Lago (Ocho apellidos vascos, VER COMENTARIO) y Nicolás Francella.

 LA DIVA, EL MARIDO, EL GUIONISTA Y EL DIRECTOR

Prácticamente todo sucede en una impresionante casona antigua rodeada de jardines y estatuas, en algún lugar de las afueras de Buenos Aires.
Los salones, las grandes escaleras, los retratos y pinturas que cuelgan de la paredes, los pesados cortinajes, la recargada decoración golpean los sentidos y conducen a una sola palabra: decadencia. El tiempo se ha detenido allí y sus habitantes están irremediablemente atrapados en una suerte de pausa infinita.
La vida los dejó abajo por distintas circunstancias, pero nada ha conseguido mantener a raya sus egos ni menos bajar sus defensas. Las mentes ágiles y suspicaces de Norberto Imbert (Martínez) y Martín Saravia (Mundstock), alguna vez cotizados director y guionista, respectivamente, de cine, no descansan.
Mara Ordaz (G. Borges) aún se viste (o disfraza) como la diva que nunca ha dejado de ser, una que hace muchos años ganó un Oscar, estatuilla que luce en un pedestal en el hall de entrada de la casa. El símbolo perfecto de que el mundo gira en torno a ella.
Su marido, Pedro de Córdova (Brandoni), postrado en una silla de ruedas, parece el más cercano a la realidad y por lo tanto a la resignación: mal que mal, él fue un actor de segunda, a la sombra de su rutilante mujer, quien se sigue contemplando a sí misma mirando una y otra vez sus películas en el microcine del subterráneo, profusamente adornado con afiches de sus proezas.
El equilibrio precario de esta singular (y misteriosa) convivencia se desestabiliza cuando irrumpe “casualmente” una pareja de jóvenes, Francisco (Francella) y Bárbara (Lago), que se deshacen en elogios ante Mara.

EL JUEGO DE PODERES

 Campanella juega al cine dentro del cine, no solo con los irónicos parlamentos de Martín, que nunca deja de ser guionista, y las consiguientes observaciones de Norberto, sino con una mirada sardónica a esa trampa que es la fama y el poder y que captura a muchas estrellas, una vez que prueban sus delicias y que las más de las veces  termina siendo una ilusión fugaz.
Pero aun siendo el ego el ostensible talón de Aquiles de Mara, ni ella ni el resto de los habitantes de la casona son inofensivos y dulces viejecillos.
Esta curiosa “familia” esconde varios cadáveres en el armario y tiene muchas cuentas por cobrarse.
En el juego de poderes que se establece entre ellos y los visitantes -el eje por donde circula la historia- los secretos pueden ser un jaque mate para cualquiera de los dos bandos.
Ágil y con inteligentes giros -que se prodigan hacia el tercio final- El cuento de las comadrejas es de esas películas que uno quiere ver de nuevo aunque sea para escuchar y reírse otra vez con las barbaridades que con tanta fineza se lanzan unos a otros, mientras van desapareciendo los escrúpulos y desempolvándose las verdades ocultas.

Ojo con la partida de pool.
¡Muy buena!

 

Categorias: Comedia

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