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“ÉL ME NOMBRÓ MALALA”: UNA HISTORIA QUE HAY QUE CONOCER

He Named Me Malala Director: Davis Guggenheim Reparto: Malala Yousafzai, Ziauddin Yousafzai, Toor Pekai Yousafzai. Año: 2015. Duración: 87 min.. País: Emiratos Árabes

“ÉL ME NOMBRÓ MALALA”: UNA HISTORIA QUE HAY QUE CONOCER


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La noticia dio vuelta al mundo: una niña paquistaní de 15 años había sido baleada en su aldea por los talibanes por cometer el pecado de ir a la escuela, dejándola agónica.
Malala sobrevivió de milagro y porque recibió ayuda internacional para ser trasladada de urgencia a centros hospitalarios de punta, donde fue sometida a complejas cirugías y luego a un largo proceso de rehabilitación.
Davis Guggenheim -Oscar 2006 por “Una verdad incómoda”, en la que junto a Al Gore denunciaron el calentamiento global- dirige este documental que, junto con relatar las dramáticas vivencias de la chica, la muestra en la intimidad de su día a día en Inglaterra, donde vive refugiada con su familia, y la sigue a los distintos foros y lugares donde ha perseverado en su lucha por la educación de las mujeres. Por ello recibió el Nobel de La Paz 2014.
Su padre, un hombre clave en su vida, lo es también en la película. Ziauddin levantó con sus manos una escuela en el valle de Swat, la dirigía y hacía clases a niños y niñas. El amaba ser profesor y quería que su hija recibiera educación.
Hasta que llegaron los talibanes, con sus armas pesadas, sus jeeps, sus rostros cubiertos a imponer las rígidas reglas del Mulah que se instaló allí. Una de ellas, la prohibición de que las mujeres se educaran.
A Malala, dice su padre, “no le disparó una persona; le disparó una ideología”.
Incendiaron escuelas, ejecutaron a quienes quisieron (el Gobierno no se dio por enterado hasta que la ciudad se convirtió en escombros y no había cómo contar a los ejecutados).
«No les interesaba la fe, les interesaba el poder», afirma Ziauddin.
Guggenheim utiliza dibujos -podría decirse pinturas artesanales- para relatar aquello que no tiene en imágenes. Como por ejemplo, la leyenda que explica el nombre de Malala, o los tensos momentos vividos por la familia cuando el padre apareció en la lista negra del Mulah, nombres que difundía por altoparlantes en largos discursos.
Estremece ver la arbitrariedad de la violencia y sorprenden el coraje y perseverancia de padre e hija. Precisamente esa educación por la que ambos lucharon convirtieron a Malala en una líder, una activista lúcida, tenaz, valiente. Sus secuelas son físicas: una afasia y la pérdida de audición en su oído izquierdo. En su alma ella no carga con odios ni piensa en buscar a quien la agredió: está ocupada y concentrada en conseguir que las niñas del mundo reciban educación.

IDEAL PARA: talibanes de cualquier orden.

Categorias: Históricas

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