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THE SALESMAN : EL DERRUMBE SILENCIOSO

Forushande (The Salesman) Reparto: Shahab Hosseini,  Taraneh Alidoosti,  Babak Karimi,  Mina Sadati. Director: Asghar Farhadi Irán, 2016. Duración: 125 min.  

THE SALESMAN

THE SALESMAN : EL DERRUMBE SILENCIOSO

El iraní Asghar Farhadi se llevó este año el Oscar al mejor filme habla no inglesa con The Salesman, arrebatándoselo a la favorita, la alemana Toni Erdmann (Maren Ade). La pregunta se instaló de inmediato: ¿premio político o artístico?
Farhadi ya había anunciado que no viajaría a Los Angeles (lo mismo que había hecho antes la actriz Taraneh Alidoosti) tras el “muslim ban” de Trump, que prohibía la entrada a EE.UU. a ciudadanos de una serie de países de mayoría musulmana.
No es tan desquiciado pensar que la respuesta de la Academia fuese premiar a un iraní, pero en justicia, estamos hablando de un cineasta que ha hecho una admirable y sólida carrera artística, que incluye, por lo demás, otro Oscar en 2011 por la magnífica  Una Separación VER COMENTARIO.
En The Salesman Farhadi consolida su estilo y desgrana un thriller en sordina, un drama familiar de ribetes sociales y culturales, que comienza, alegóricamente, con la amenaza cierta de desplome del edificio donde viven los protagonistas.
El joven matrimonio de actores de teatro conformado por Emad y Rana habita un cómodo departamento, arreglado con  buen gusto, del que de un momento a otro deben salir a toda prisa, junto con todos los habitantes del edificio, que se ayudan unos a otros en una caótica y desesperada maniobra.
Una secuencia dramática y tensa que no terminamos de creer hasta que la cámara nos muestra el primer plano de una ventana trizándose. Y luego, la causante del desastre: una retroexcavadora funcionando pegada al edificio, para construir uno nuevo, que deja inhabitable el lugar.
Emad —que hace clases de literatura en un instituto—, Rana y su grupo de teatro están en los últimos ensayos de “La muerte de un vendedor”, el clásico contemporáneo de Arthur Miller. El productor del montaje, Babak, le consigue a la pareja rápidamente un departamento para arrendar.
Se trata de un lugar incómodo, donde no caben todos sus enseres y que le toma horas a Rana limpiar. Pero lo peor de todo es que la antigua inquilina —de la que el arrendatario no dice mucho y los vecinos celebran su partida— ha dejado allí la mayoría de sus pertenencias, aún las más personales y no hay ninguna certeza de cuándo llegará a recogerlas.

COMIENZA EL DERRUMBRE

El drama se desencadena cuando Rana decide ducharse, suena el citófono y abre la puerta cre-yendo que es Emad, quien ha ido de compras al supermercado cercano.
Cuando éste regresa, encuentra restos de sangre en las escaleras, en la sala del departamento, en el baño.
Rana ha sido llevada por los vecinos al hospital, donde está siendo atendida, tras haber sido ata-cada por el desconocido al que dejó entrar por error. Bajo el velo y la ropa, sólo vemos algunas magulladuras en su rostro. Nunca contará qué ocurrió realmente, ni sabremos de sus verdaderas heridas.
Se integra a la compañía, maquillaje mediante, y estrenan la obra, donde ambos son protagonistas (Willy y Linda Loman). Pero en Emad comienza a tomar forma un amasijo de sentimientos que mezclan rabia, vergüenza, impulsos en pos de justicia y venganza.
En una normalidad llena de grietas —siguen las funciones, las clases— en el hombre culto y cos-mopolita que es Emad surge una pulsión ancestral que tiene un solo nombre y se convierte en su única preocupación: la honra. La suya, la de su familia.
El sufrimiento que carcome por dentro a su mujer —que tampoco quiere ir a la policía porque sabe que eso solo añadiría humillación— va desapareciendo del radar de Emad, preocupado de buscar pistas y de perseguir al culpable. Y la pareja se va derrumbando como el edificio.

LO QUE NO SE DICE

Farhadi es un maestro manejando aquello que no se dice, pero que leemos en los rostros y gestos de los protagonistas, un drama que incluso se traspasa a la escena en el teatro. Un silencio cubierto bajo muchos ruidos cotidianos, conversaciones, movimientos, incluso breves instantes felices que se diluyen apenas aparece un objeto que recuerda el ataque.
Triste y paradójicamente, a los hombres —Emad y el victimario— les preocupa su honra. A sus mujeres, la vida, la felicidad.
A una de ellas, ignorante de todo el trasfondo, le escuchamos una conmovedora y desesperada declaración de amor.
Pero para Rana no hay más que un edificio vacío a punto de derrumbarse.
Las funciones en el teatro siguen. La vida también.
Cine de lujo. ¡No la deje pasar!
(El Fílmico, Paseo Las Palmas).

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