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«LA VENUS DE LAS PIELES»

("La Vénus à la fourrure") Reparto: Emmanuelle Seigner, Matthieu Amalric. Dirección: Roman Polanski. Guión: Roman Polanski (basada en la obra de David Ives "Venus in Furs" y la novela de Leopold von Sacher-Masoch). Francia/Polonia, 2013. Duración: 96 minutos. Drama.

«LA VENUS DE LAS PIELES»

Dentro de la inquietante y ¡ jamás! sosa filmografía de Roman Polanski sonaba curioso que -en vez de la premiada «La Venus de las pieles»- llegase a nuestras pantallas «Un Dios salvaje», una comedia dramática, realista y parejita, basada en una obra teatral de Jasmina Reza.
Claro. Cuando uno ve «La Venus de las pieles» entiende todo: ¡no hay modo de encajarla en una sala pop-corn! (El ringtone del celular del protagonista es ¡»La cabalgata de las Walkirias»!).
amazon.es mediante, el buen fan de este singular director polaco de dramática vida, puede hacerse justicia a un toque de clic.
Porque en esta «Venus», y a sus 80 años, Polanski suelta al ruedo, como en una suerte de legado-compendio, todas esas recónditas pulsiones oscuras que le han dado el sello a sus personajes y a su cine, como aquellos de «Perversa luna de hiel», por ejemplo, que es lo primero que a uno se le viene a la cabeza, en muchos momentos del metraje.
¿Tan perversa?

Con la potente música de Alexander Desplat, el único instante al aire libre de esta claustrofóbica y oscura película es el rápido travelling del inicio, por el invernal bosque que lleva a la decrépita sala de teatro parisina, donde todo está por ocurrir.
Allí hace frío, es tarde, y el director y adaptador de un montaje está cansado y le avisa a su novia vía celular que tras una frustrada jornada de casting se retira sin haber encontrado a su protagonista.
En ese instante, como una tromba, mascando chicle y maltratando el francés (no dice ui, dice we; como nuestro seee), entra una mujer vulgar -vestida con los saldos de la ropa usada y maquillada para una bacanal- que le dice que viene a probarse para el papel, que sabe que llega atrasada, pero que el tráfico y el mal tiempo… Todo eso que dice la gente que uno no quiere contratar, por ningún motivo, para cosa alguna.
Vanda (Emmanuelle Seigner) le crea tal caos mental a Thomas (Mathieu Amalric, escalofriantemente parecido a Polanski) que éste colapsa y cede, mientras el espectador se ríe de las metidas de pata, la espantosa incultura de esta actriz y su desparpajo incombustible.
La repugnancia y desprecio que Vanda le produce a Thomas no es suficiente para impedir que ella lo haga tomar el texto y la escuche decir sus líneas sobre el escenario.
Justo ahí -la cámara va sobre el rostro de Thomas y el audio a la voz de Vanda- se quiebran los equilibrios. Y ahí entendemos que esta es una historia de dominado/as y dominadores/as.
Ya se lo ha explicado Thomas: «La Venus de las pieles» es una novela breve de Leopold von Sacher-Masoch, que de ahí viene la palabra masoquismo, que relaciona placer y dolor, sometimiento y dominación, y que él la ha adaptado al teatro.
En la realidad (confusa palabra en esta película) esta pieza literaria de 1870, ha inspirado numerosas versiones cinematográficas -italianas, coreanas, alemanas, holandesas- y efectivamente fue adaptada al teatro por David Ives, autor estadounidense contemporáneo, que la estrenó en Broadway en 2011 (en Chile tuvo su montaje en el Mori).
En éste se basó Polanski para llevarla al cine, con la ayuda del propio Ives, ganando el César (Oscar francés) 2014 al mejor director.
Ducho en todo lo que propone Sacher-Masoch, Polanski toma este material con la destreza de quien conoce lo que tiene en sus manos y nos brinda una de esas piezas que no se sacan de la cabeza así no más, que tiene tantas lecturas y referencias que representa un desafío exquisito para ese espectador que ya sabe lo que es estremecerse con una de Polanski.
El papel de Vanda-Wanda requiere de una actriz con gran cuerpo -machistamente dicho-, registro histriónico amplio y el mismo desparpajo del personaje. Seigner lo toma y lo domina, porque es una buena actriz y posiblemente también porque conoce tan bien al director como que es su marido.
«La Venus de las pieles» es un trago fuerte, como muchas obras que requieren espectadores con criterio formado, y un imprescindible para un buen cinéfilo.

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