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LADY BIRD: ESA ADOLESCENTE EN CASA

Reparto: Saoirse Ronan,  Laurie Metcalf,  Lucas Hedges,  John Karna. Dirección: Greta Gerwig. Estados Unidos, 2017. Duración: 94 min.

LADY BIRD

LADY BIRD: ESA ADOLESCENTE EN CASA

Gracias a la refrescante, singular y encantadora Lady Bird, Greta Gerwig (34 años) se ha convertido en la directora “indie” favorita de la temporada, lo que incluye 5 nominaciones al Oscar (entre ellos, película, dirección y guión, de la misma Gerwig).
En el que es su segundo largometraje, en poco más de hora y media la también actriz desgrana una historia madre-hija en un estilo naturalista y cercano, que está siempre sorprendiendo y que se permite por ahí escenas extravagantes que mueven a risa.
La buena mano de Gerwig acertó también al escoger a dos actrices que son capaces de construir un par de personajes deslumbrantes y magnéticos, de esos de los que uno no quiere despegar la mirada. Saoirse Ronan (nominada al Oscar por este rol) es Christine McPherson, que se hace llamar Lady Bird, y Laurie Metcalf (también nominada al Oscar), es su madre, Marion.
Dos mujeres de carácter, decididas y llevadas de sus ideas que logran equilibrar con cierta amabilidad las tensiones y chispas que surgen del choque de sus temperamentos. Ello, un poco gracias a una  base de afecto sólido existente -del que Christine-Lady Bird en principio no confía (es adolescente ¿ya?)-, pero sobre todo a la intermediación del bueno de papá. Larry (Tracy Letts) es un hombre algo mayor, que ha quedado cesante, en plena crisis de comienzos del siglo XXI en EE.UU.
Con dobles turnos como asistente en un centro siquiátrico, Marion saca adelante los gastos de la casa, a donde han ido a parar de allegados el hijo mayor y su mujer, dos curiosos personajes. Todos metidos en una vivienda bastante básica y estrecha, con un solo baño.
En este escenario, y por razones atendibles desde el punto de vista de una madre y jefa de hogar, Marion decide que Christine curse su último año escolar en un carísimo colegio particular de monjas en Sacramento, el Inmaculado Corazón de María.
El solo anuncio cae como una bomba de neutrones sobre la cabeza de Lady Bird, que, decidida como es, quiere, sí o sí, ir a estudiar a Nueva York. Digamos, el otro lado del mundo, geográfica y conceptualmente.
Por si eso no nos quedase claro, Greta Gerwig inicia su película con una cita de la escritora Joan Didion (oriunda de Sacramento): “Quien habla del hedonismo de California, nunca ha pasado la Navidad en Sacramento”.
Christine-Lady Bird puede hacer las cosas más bizarras para conseguir lo que quiere pero nunca lo suficiente para detener a su madre.
Así es que allí, entre monjas; una chica pobre como ella con la que se hace amiga; la infaltable popular del curso; los alumnos del colegio San Francisco Javier con los que montan la obra de teatro para el acto final, Lady Bird va madurando, teniendo sus primeros amores y frustraciones. En suma, se le abre el mundo -también el suyo más íntimo- como ella no se pudo imaginar. (Timothée Chalamet, nominado al Oscar a mejor actor por Llámame por tu nombre, tiene un pequeño pero muy bien plantado rol).
Eso sí, siempre con Nueva York entre ceja y ceja.
Cargada de humor inteligente, por esta historia circulan seres humanos, no estereotipos, que conversan y se relacionan entre ellos ante una cámara que los trata como si estuviesen en un reality.
La economía de recursos es parte de su virtud, porque no nos priva de nada -ambientes, exteriores, los pequeños mundos por los que circula la protagonista- pero nunca sobrecarga.
También lo es el certero uso que la directora da a las elipsis. Nada sobra. Nada falta.
Ese complejo paso vital que hay entre dejar el colegio (y la familia) y convertirse en universitaria, en un entorno con sus complicaciones, está tan precisa y deliciosamente retratado que es un gozo ver esta película.
Muy buena.

Categorias: Comedia

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