Home > Drama > LADY MACBETH: INQUIETANTE VERSIÓN BRITÁNICA DE LA NOVELA RUSA

LADY MACBETH: INQUIETANTE VERSIÓN BRITÁNICA DE LA NOVELA RUSA

Reparto: Florence Pugh, Christopher Fairbank, Cosmo Jarvis, Naomi Ackie, Bill Fellows. Dirección: William Oldroyd Reino Unido, 2016. Duración: 89 min.

lady macbeth PELICULA

LADY MACBETH: INQUIETANTE VERSIÓN BRITÁNICA DE LA NOVELA RUSA

 

Se exhibirá en el CINE UC: del 18 de julio al 12 de agosto

Literalmente vendida como esposa a un lord de mediana edad y buena situación en la Inglaterra victoriana, la muy joven Katherine no alcanzará a expresar sus más mínimos deseos -“me gusta el aire fresco, me gusta estar afuera”…- cuando en la noche de bodas su marido la hará callar y con brusquedad le informará que ha llegado a esta fría mansión rural para obedecer.
Aún no cumplía los 20 años cuando una asombrosa Florence Pugh dio vida a la cándida, desconcertante y ambigua Katherine, protagonista de Lady Macbeth , exquisitamente llevada al cine por el director de teatro William Oldroyd, con guión de la dramaturga Alice Birch, ambos británicos.
Basada en la novela “Lady Macbeth de Mtsensk”, del escritor ruso Nikolái Leskov, conserva de ella lo esencial: una protagonista femenina que silenciosamente se rebela, personajes masculinos detestables en distintos grados, crímenes y sexo.
Dimitri Shostakovich también adaptó la novela para su ópera: fue un éxito hasta que la vio Stalin. Resultado: la ópera estuvo prohibida durante 30 años. Aunque Shostakovich la pensó como una manera de resaltar la emancipación de la mujer revolucionaria, Stalin no lo entendió así.
Las tres versiones -la novela, la ópera y la película- difieren en más de un detalle y en su desenlace.
Quizás la más inquietante de todas sea esta versión británica (2016, mejor película European Films Awards).

KATHERINE, UN ESPÍRITU LIBRE SIN ESCRÚPULOS NI LÍMITES

Katherine, como el objeto adquirido que es, ha de obedecer las reglas que le recuerda de mal modo su despótico suegro (Christopher Fairbank), la primera de ellas, no salir de la casa, donde una criada (Naomi Ackie) la atenderá y vigilará. Su marido (Paul Hilton) viaja a menudo, en largas ausencias acerca de las que no se molesta en informarle.
En medio de esas paredes blancas y silenciosas, de sombras largas en las noches alumbradas por lámparas, Katherine circulará con sus vestidos encorsetados y muy cubierta, sintiendo una insignificancia que la incomoda.
Su espíritu libre le reclama romper, como un acto espontáneo, con todo lo que la ata: cruzar la frontera del interior al exterior es su primer paso.
El contacto con el aire, la naturaleza, el bosque la reviven.
Sin premeditación, cálculo, ni alevosía, pero tampoco escrúpulos, va  saboreando su libertad y ya no habrá límites éticos -ni siquiera una mínima empatía- que la detengan. Ni la hosquedad rayana en la violencia con que es tratada frenan sus ímpetus. Una violencia que se aparecerá en distintas intensidades y modos a lo largo de toda la historia.

LA PULCRITUD DE UNA CÁMARA ELOCUENTE

Oldroyd filma con pulcritud y juega con fascinantes encuadres de composición geométrica dentro de la casa.
Afuera, los planos son anchos y amplios.
Los colores, blancos, cafés y ocres; y como contraste, el azul brillante del vestido que luce Katherine hacia el final.
En la hora y media de metraje, la protagonista transita con naturalidad desde su frágil posición original de la última de la fila hasta hacerse del poder, motivación ulterior de todos sus actos.
Escenas breves pero elocuentes dan cuenta de los imperceptibles cambios: pequeños gestos, como la displicente manera con que apenas estira el brazo, sujetando en su mano una fina taza, para que la criada le sirva el té sin siquiera dirigirle la mirada; o el gato subiendo a la mesa, rompiendo de manera insolente el rígido orden que impera en este  hogar-prisión.
Entre los primeros destrozos de Katherine y el último, el espectador va siendo desafiado en su juicio moral: habida cuenta del maltrato que ha recibido, que engañe a su marido no parecerá ni  venial. Más aún -y esta es la ambigüedad que instala en sus personajes- si el galán en cuestión (Cosmo Jarvis) no es un delicado Romeo y como hombre, aunque de escala social más baja, cree funcionar, a fin de cuentas, en el mismo esquema patriarcal.
Víctima y victimaria, ella ha ido corriendo la cerca, hasta sumergirse sin ambages en la crueldad.
Una historia potente, sombría y sangrienta, narrada con gran elegancia visual y un brillante uso de los recursos que ofrece el lenguaje cinematográfico.
Una delicatessen.

(Del 18 de julio al 12 de agosto 2018. En Cine UC).

 

Categorias: Drama

Relacionados

Copyright Anajosefasilva.cl 2014