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EL MECANISMO: LA SERIE POR LA QUE LULA QUIERE DEMANDAR A NETFLIX

EL MECANISMO, SERIE

EL MECANISMO: LA SERIE POR LA QUE LULA QUIERE DEMANDAR A NETFLIX

Solo días antes de que la Corte Suprema de su país confirmara la sentencia de 12 años de cárcel dictada contra Lula Da Silva, el ex presidente de Brasil dijo que denunciaría a Netflix por considerar que la serie El Mecanismo (O Mecanismo) “es una mentira más” sobre su persona. La miniserie llevaba solo una semana online.
(No sería la primera vez que la plataforma se mete en las patas de los caballos: de hecho, el hermano de Pablo Escobar los amenazó, a causa de “Narcos”).
Cuando un hecho de tal magnitud política está tan fresco -más bien, sigue siendo una noticia en desarrollo- da para cuestionarse la oportunidad de lanzar una ficción tan estrechamente basada en hechos reales como lo es esta, más aún considerando que su preproducción y realización fue muy anterior a las noticias que hemos conocido a comienzos de abril.
Esto ha provocado que algunas criticas estén más centradas en buscar cuán justos o injustos fueron los creadores con la figura de Lula que en cualquier otro aspecto.
Abriendo el foco, hay que decir que la producción no solo es de primerísima calidad sino que es sano y relevante que el énfasis esté puesto en radiografiar cercanamente esa palabra que llevamos demasiado tiempo pronunciando.
Desde la obstinación temeraria de un detective, Marco Ruffo (Selton Mello) y de su asistente Verena Cardoni (Caroline Abras), el meollo del guión radica en lo que dice su título: desentrañar cómo es que funciona el vientre de la bestia. Cómo se reproduce ese cáncer con su metástasis -palabras que Ruffo repite y reitera-, que el detective llama El Mecanismo (esto es, la corrupción). Que, como dice, “con todos los tratamientos, lucha por sobrevivir y a veces gana”.
La misión que Ruffo se propone es descifrarlo.
La petrolera, funcionarios públicos, los “cambistas”, empresarios, el financiamiento el sistema electoral, todo ello está en su pizarrón tal como los sabuesos de crímenes de sangre hacen para dar con algún asesino en serie.
Y funciona: hay nervio y tensión en cada capítulo, muchos giros, involucramiento inevitable del espectador con la lucha de estos detectives contra el aparato, cuya esperanza es ir desactivando el engranaje poniendo las cosas de tal modo de ir sumando aliados.
Por eso, más allá de los grandiosos despliegues de cámara por Rio, Sao Paulo, Brasilia, Salvador, Recife, hay en la historia ciertas tramas pequeñas que dan el clavo: como cuando Ruffo debe reparar un desagüe frente a su casa y llama a un “maestro”. Allí, frente a la reja de su jardín, constata cómo se sustenta y prolifera el mecanismo: una forma de actuar que se normaliza, que no solo funciona a escala millonaria, que no involucra solo a políticos, policías y jueces, sino que traspasa una manera de ser a una sociedad completa.
Pese a ello, la serie no es pesimista. Y no debería serlo. Si la justicia —jueces, fiscales, policías— ha operado (aunque ahora solo mire solo para una parte, como reclaman algunos) quiere decir que sí es posible desmontar el mecanismo.
Esta es la serie que hay que ver por estos días: visibilizar este cáncer social y discutir sobre él, tal como lo hace Ruffo, desde la reja de su casa y no como algo ajeno y lejano, nos hace bien.
Muy buena.

En Netflix.
8 episodios de 45 minutos de duración aprox.
Basada en la Operación Lava Jato que involucró a Petrobras y a connotados políticos brasileños (los nombres de personas e instituciones han sido cambiados).

DATOS

-El escándalo se conoció en marzo de 2014. El nombre de Lava Jato se debe a que la organización lavaba dinero y distribuía los sobornos a políticos y funcionarios públicos desde locales de autoservicios y lavado de vehículos.
-Las investigaciones descubrieron que la estatal petrolera Petrobras asignaba tareas a un reducido grupo de empresas contratistas a cambio de sobornos, que iban a parar a manos de políticos y funcionarios.
-Se calcula que se pagaron entre 3.000 y 4.000 millones de dólares en sobornos.
-Antes del estreno de la serie, unas 260 personas habían sido acusadas, la mayoría por corrupción, lavado de dinero y asociación ilícita, y 130 condenados.
-La producción transcurre entre 2003 y 2014, durante los Gobiernos de Lula y su sucesora, Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT).
-Lula fue condenado en enero pasado a 12 años de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero, lo que fue ratificado a comienzos de abril por la Corte Suprema (en la serie se ve una escena escalofriantemente similar a la que vimos en vivo y en directo). Es uno de los siete procesos penales abiertos en su contra, la mayoría por sospechas de corrupción.
-El responsable de la serie es José Padilha, creador brasileño de Narcos y de Tropa de Élite 1 y 2.
-Los dos policías y un empresario que es su obsesión son personajes ficticios.

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