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OKJA : LA SORPRENDENTE SÁTIRA COREANA DE NETFLIX QUE REVOLUCIONÓ CANNES

OKJA

OKJA : LA SORPRENDENTE SÁTIRA COREANA DE NETFLIX QUE REVOLUCIONÓ CANNES

Desde que Okja fue anunciada, el mundo (cinematográfico) se dividió en dos. La película del coreano Bong Joon-ho (El huésped Madre) fue producida por Netflix para su plataforma y estrenada en el Festival de Cannes, generando una catarata de discusiones. Resultado: los organizadores decidieron que desde el próximo año no podrán competir películas que no se estrenen en salas francesas.

Luego vino la crítica. Aunque sumando y restando ésta le ha sido favorable, también tiene detractores furibundos.

Okja , una fábula entre distópica y fantástica, es en muchos momentos una sátira jocosa hasta la carcajada, otro rato muy negra y a veces hasta escalofriante. Y sobre todo, bastante disparatada.

Bong Joon-ho parece no temer mezclar lo naif (en su sentido más exacto) y el humor “familiar” y tierno, con secuencias violentas y francamente oscuras, cuando no pesadillescas, mientras despliega personajes que se mueven entre lo farsesco, lo delirante y lo surreal.

La denuncia, el humor, el thriller, escenas bucólicas y hasta persecuciones y carreras estilo película de acción se suceden y mezclan en sus casi dos horas de metraje.

La historia es bastante elemental y suena muy repetida. Lo que tiene de singular es cómo se va desgranando este relato y los incontables detalles insólitos y situaciones sorprendentes con que se va encontrando el espectador. (El guión no tiene desperdicio).

Una multinacional neoyorkina, que predica el respeto por el medio ambiente, pero que en realidad se dedica a experimentar y elaborar alimentos transgénicos, se enfrenta a una niña en Corea que defiende a su mejor amiga: una cerda gigante llamada Okja.

La secuencia a modo de prólogo es fascinante: la nueva CEO de Mirando Co., Lucy Mirando (la versátil Tilda Swinton), engalanada casi de alta noche, en un look muy pálido (como ella) y con frenillos en su dentadura, da por reinaugurada la vieja fábrica de su familia ante una multitud de periodistas, en un discurso muy poco convencional en el que afirma que los directores corruptos ya se fueron, que su padre y su hermana Nancy son unos sátrapas (sí, son una familia de perversos, ella incluida). Y anuncia que, como paladines de la ecología que son, entregarán cerdos a granjeros en distintas partes del mundo para que los críen de manera natural, para luego hacer un concurso. Cerca de ella, su mano derecha, Frank (Giancarlo Esposito, Gus, de Breaking Bad (VER COMENTARIOS ) y Better call Saul (VER COMENTARIO), ese que cuando da ideas hace parecer que es a ella a quien se le ocurrió, observa y repite el discurso en voz baja.

De allí, 10 años después, directo a los idílicos bosques y riachuelos de un sector montañoso de Corea donde la pequeña Mija, una huérfana que vive con su abuelo, juega con su amada mascota, Okja, la cerda-elefante con la que prácticamente hablan.

Lo que no sabe la niña es que pronto llegará la comitiva de Mirando, encabezada por el insoportable, ridículo y egótico Johnny Wilcox, un veterinario estrella de la TV que Lucy ha adquirido para montar su show (irreconocible Jake Gyllenhaal).

Ellos se llevarán a Okja a Seúl para embarcarla a Nueva York. Pero Mija puede ser más porfiada y decidida que Lucy y parte tras su “mascota”.

Allí entran en escena Jay (Paul Dano) y su Frente de Liberación Animal, con pasamontañas y un plan descabellado (como es todo el grupete, por lo demás) para desenmascarar a Mirando.

Todos —Mija incluida— terminan en Nueva York donde este inverosímil elenco de personajes dará el inquietante final a la aventura.

Okja  es definitivamente desconcertante: no solo porque los dardos políticos se disparan en muchas direcciones (las corporaciones, la industria de alimentos, los ecologistas extremos, la industria del showbiz), sino que es ese tipo de películas que no hay dónde encasillarla. Desde luego no es apta para animalistas sensibles, ni tampoco para niños pequeños: contiene escenas de un realismo muy crudo, por decir lo menos.

Rica en imágenes y pletórica de líneas de diálogos imperdibles, detrás de todas su exageraciones y excesos —que hacen reir, llorar, estremecerse— Okja está llena de referencias, metáforas y cuadros fecundos, capaces de activar reflexiones mucho más complejas acerca del ser humano, (sus mezquindades, el mal), que su mera relación con el medioambiente el día de hoy.

Alucinante.

(En Netflix).

 

 

 

 

 

 

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