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Ana Josefa Silva

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UN PEQUEÑO FAVOR : SOFISTICADA SÁTIRA NEO-NOIR FEMENINA

A Simple Favor Reparto: Anna Kendrick, Blake Lively, Henry Golding, Glenda Braganza. Dirección: Paul Feig Estados Unidos, 2018. Duración: 117 min.

UN PEQUEÑO FAVOR : SOFISTICADA SÁTIRA NEO-NOIR FEMENINA

¿Cómo llegan a ser amigas una torpe e ingenuota mamá, desconocida youtuber de consejos de cocina doméstica para dueñas de casa, y una sofisticada, sexy y avasalladora ejecutiva de relaciones públicas de Manhattan? Es lo que parte por relatarnos Un pequeño favor (A Simple favor), un thriller de misterio, en la línea del neo-noir, servido en una copa de martini seco y muy frío, acompañado de una banda sonora en francés -modo balada sensual- y que se desliza en el terreno de la comedia negra sin recurrir a chistes ni gags.
Stephanie (Anna Kendrick), pueblerina de la cabeza a los pies, por dentro y por fuera, es la clásica mamá del curso siempre ocupada de organizar y participar de bingos, paseos, actividades varias y que el resto de los apoderados evita por “latera”.
Da la casualidad de que su hijo Miles (Joshua Satine), de 5 años, es amigo de Nicky (Ian Ho). Y un buen día, la madre de Nicky, Emily (Blake Lively) irrumpe a la salida de la escuela en su elegante auto con chofer, despampanante en sus tacones estilete, terno e impermeables perfectos y tras sacudir su larga y cuidada cabellera se aproxima a una atónita Steph. El contraste visual entre ambas es a lo menos risible.
Los niños quieren seguir juntos, jugando en casa, y Emily opta por invitarlos a todos a su espléndida y moderna mansión.
Allí comienza una improbable “amistad” -a todas luces tóxica y más retorcida de lo que se puede prever- cuyo propósito más evidente para Emily es conseguir una transportista y, también, una babysitter para su hijo. Mientras las nuevas amigas intercambian confidencias, el padre de Nicky, Sean (Henry Golding) -alguna vez un escritor de éxito, ahora, académico- aparece por casa para evidenciar el fuerte lazo sexual que lo une a Emily, su esposa.
Steph, viuda hace algunos años, vuelca su tiempo libre en su video blog que graba en su cocina. Y es desde allí que decide pedir ayuda: su amiga Emily -que uno de esos días le ha pedido que recoja al pequeño Nicky, tras surgirle un viaje de negocios urgente y breve- nunca más apareció.

ELEGANTE, RETORCIDA, UN FESTIVAL DE GIROS

Hay en este filme una elegancia que ni se opaca cuando emerge la truculencia escondida bajo la alfombra y la oscuridad tras los luminosos ventanales. Lo que no deja de ser sorprendente en una película de Paul Feig, un director de filmes de humor más bien grueso -aunque no por eso menos efectivos- como Spy: una espía despìstada y Cazafantasmas (VER COMENTARIO) (2016), dos películas en las que también entrega la pantalla a mujeres.
Basada en la novela de Darcey Bell, la historia es un festival de giros, sobre todo allí donde el espectador no los esperaba.
Y aunque a la velocidad en que se destapan las ulteriores verdades tras las diáfanas apariencias todo parece un gran acto de prestidigitación, no hay truco. Sí un montón de verdades ocultas, parte de las cuales ya se habían asomado desde la escena uno. O al menos mientras se nos desperdigaban pistas y datos que resultaron no ser tan menores. Es cosa de observar, mirar detalles, porque tras la fachada cool de Emily y la inclaudicable inocencia de Steph hay mucho por descubrir.
“Cuanto más completa y sustancialmente exista un ser humano, tanto más descubrirá lo cómico”, escribió Kierkegaard.
Y es en los oscuros laberintos que transitamos para completar las historias vitales de Steph y Emily donde, paradójicamente, emerge el humor.
Porque ya sabemos: las apariencias engañan.
Muy entretenida.

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