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PROYECTO FLORIDA (FLORIDA PROJECT): EL PATIO TRASERO DE DISNEY WORLD

Reparto: Willem Dafoe, Brooklyn Prince, Caleb Landry Jones, Macon Blair, Sandy Kane. Dirección: Sean Baker Estados Unidos, 2017. Duración: 115 min.

PROJECT FLORIDA

PROYECTO FLORIDA (FLORIDA PROJECT): EL PATIO TRASERO DE DISNEY WORLD

Una pequeña pandilla de niños chicos juega a hacer pillerías cerca de unos edificios color lila indefinido, en los grandes espacios soleados en que transcurre Proyecto Florida (The Florida Project).
Moonee (arrebatadora Brooklyn Prince) -un torbellino vivaracho y escurridizo de pelo largo, que no pasa los 6 años- es la líder. Es verano en Orlando y ellos juegan a circular, correr y hacer maldades en su barrio: una zona en la que confluyen carreteras y por donde se dispersan varios blocs de edificios que albergan moteles decadentes, alguna construcción abandonada, inmensos locales de comida rápida, strip centers, estacionamientos y las grandes puertas traseras de la Tierra del Futuro y los diversos parques temáticos de Disney.
Se escucha “Celebration”, la canción pop-dance ochentera de Kool & The Gang, mientras Moonee, Scooty y otra pequeña ya se han encaramado a un segundo piso para lanzar escupitajos a un auto estacionado.
Se arma la algarabía cuando la dueña del vehículo -una imponente señora afroamericana- los sorprende; aparece Halley, la madre de Moonee, y luego Bobby (Willem Dafoe, candidato al Oscar 2018 y nominado a los Bafta por este rol), el administrador, maestro casquilla y componedor de desaguisados de uno de los blocs.
Bobby hace malabares para que Halley -una joven sola e inmadura, sin trabajo- pueda seguir viviendo con Moonee allí, aunque vaya contra las reglas. Ellas no tienen a dónde ir: a veces Halley recorre las calles aledañas acompañada de Moonee intentando vender baratijas a los transeúntes. Otras, sale de noche.
La clientela de estos edificios, donde a veces se corta la luz, es gente pobre, con trabajos precarios, cuando los tienen; la mayoría familias sin padre a la vista, amontonados en las habitaciones con sus pocas y gastadas pertenencias.
Él es un alma bella en medio de esos feos parajes que alguna vez tuvieron algún esplendor, suponemos. Se ocupa de sus inquilinos mucho mas allá de lo que dice su trabajo, y sobre todo es el verdadero padre que cuida de los peligros a los que se expone esta pandilla de niños y niñas, que tienen ese lado salvaje de quien no ha sido socializado -especialmente Moonee- pero también la inocencia de sus años.

UNA CÁMARA MOVEDIZA, SUELTA

Sean Baker (realizador de la grandiosa Tangerine, 2015, grabada solo con tres iPhones) continúa en Proyecto Florida con su vocación por mostrar el patio trasero de la mayor potencia de occidente. Y lo hace en su estilo suelto, de falso documental, en que sus personajes parecen ser sorprendidos en su cotidiano -saliendo, trabajando, holgazaneando- mientras el conflicto subyacente va emergiendo al ritmo realista de la vida hasta llegar a lo naturalmente inevitable.
Baker pone frente a cámara a los postergados del sistema, pero en su crítica social hay más humanidad, matices y humor que lamento.
Sus personajes -una comunidad donde hay de todo- son seres queribles, con zonas grises, como todo humano. Contradictorios, vacilantes, a veces generosos, a veces duros, cambiantes. Baker no los juzga, no los culpa ni los exime.
Proyecto Florida es una mirada al aquí y el ahora de estas personas, que apenas deja entrever cuánto hay (o no) de responsabilidades propias en su malvivir.
Pero la cámara va principalmente tras este grupo de menores: con ellos recorre esa miseria de Primer Mundo, tan cerca del cielo que allí mismo están Orange World, una Gift Shop y todo el mundo ideal de Disney. Es una cámara tan alocada como la pandilla.
El mundo adulto no tiene nada bueno que ofrecerles y Bobby lo sabe. Preservar su inocencia, contenerlos, eludir lo inevitable es su afán.

LA FASCINANTE BROKLYN PRINCE

Sean Baker, además de refrendar talentosamente su estilo propio, en esta película exhibe una maravillosa habilidad para algo tan difícil como dirigir niños.
Parte de lo fascinante y estremecedor de Proyecto Florida es seguir las evoluciones del complejo y demandante desempeño histriónico de Brooklyn Prince. Aunque sea una niña -y las actuaciones de los menores dependen mucho del director- debió estar nominada (en vez de Meryl Streep, por ejemplo).
En general, esta película merecía más presencia en los Oscar 2018.
No la deje pasar.

(En Cartelera desde el 1 de marzo).

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