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“CINCUENTA SOMBRAS DE GREY”: NI AMOR NI SEXO

“CINCUENTA SOMBRAS DE GREY” (“Fifty Shades of Grey”) Reparto: Dakota Johnson, Jamie Dornan, Marcia Gay Haden. Dirección: Sam Taylor-Johnson. EE.UU., 2015. Duración: 125 minutos.

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“CINCUENTA SOMBRAS DE GREY”: NI AMOR NI SEXO

Por Ana Rosa Romo R.
@aromo_r

Si usted leyó el libro “50 sombras de Grey” de una patada, le aseguro que se pasó más películas que con la ídem protagonizada por Dakota Johnson y Jamie Dornan.
Ni sueñe que verá las múltiples escenas del “cuarto rojo” y conocerá detalles de los juguetes sexuales que maneja Christian Grey…¡nada! Tampoco verá la anatomía completa del galán, esa que describe tan minuciosamente la autora del libro. La de ella sí que estará expuesta, especialmente en las tres ocasiones en que acepta someterse a los jueguitos del amado.
Si bien la historia está contada fiel a la novela, su ritmo lento la hace más bien aburrida y la voz tan melosa de Anastasia Steel contribuye mucho más.
El primer encuentro entre Christian y Anastasia parece el inicio de una “historia de amor”, de esas que describía magistralmente Corín Tellado. El: guapo, inteligente, rico, poderoso; ella: pobre pero hermosa, distinguida y más bien ingenua o casi tonta. Y ese suspiro profundo de ella al salir de la oficina de él, es perfecto porque parece el inicio de lo que terminará con un happy end.
Pero este es otro cuento. Del siglo XXI y con personajes que respondan al mundo de hoy, con mucho sexo y más encima con ingredientes sadomasoquistas. Porque más de algún Christian Grey debe haber por ahí, que va por la vida lanzando frase como “Acostumbro a hacer todo a mi manera” o “Yo no hago el amor… tiro… y duro” o “si accedes a ser mi sierva, me dedicaré a ti”.
Y no faltará la Anastasia que después de unos azotes con látigo diga “Me pareció muy lindo”, aunque en otra ocasión pregunte “¿Por qué necesitas castigarme?” para recibir la lacónica respuesta “Porque soy así”.
Al menos él tiene certeza. Ella parece que no sabe para dónde va la micro.
Con esa carita entre inocente y tontona, igual como que le va gustando el super notebook, la ropa y el auto deportivo que él le regala. Le ha dicho que no es romántico, que no habrá cenas, ni idas al cine, ni corazoncitos ni flores…sin embargo la lleva a pasear en un planeador por la ciudad… en un arranque de romanticismo (aunque me quedo con el vuelo en avioneta de Redford y Streep en “África mía”), un poco contradictorio con la exigencia de la firma del contrato para establecer la relación sierva/amo, que él propone.
Sin firma de papeles, Anastasia accede a todo, así como por curiosidad y creyendo que nunca llegarán muy lejos los jueguitos de Christian, a pesar de que al final de una jornada, de esas donde la amarra de pies y manos, le venda los ojos y la azota, le confiesa abiertamente “Tengo 50 sombras de locura”. ¡Cómo para arrancar a mil por hora!
Pero ella se queda… aunque para que siga el cuento, ¡reacciona!, y luego de una sesión de seis feroces azotes en el trasero, decide que no más. Ideal para que vengan las secuelas.
Dos horas y cinco minutos de película parecen más largas que los 26 capítulos y las 500 páginas de la novela.

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