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EL SACRIFICIO DEL CIERVO SAGRADO: ATERRADORA, TRÁGICA, GENIAL

The Killing of a Sacred Deer Reparto: Colin Farrell, Nicole Kidman, Barry Keoghan, Raffey Cassidy. Dirección: Yorgos Lanthimos Reino Unido, 2017. Duración: 121 min.

EL SACRIFICIO DEL CIERVO SAGRADO

EL SACRIFICIO DEL CIERVO SAGRADO: ATERRADORA, TRÁGICA, GENIAL

Quienes ya han caído seducidos por Yorgos Lanthimos descubrirán con El Sacrificio del Ciervo Sagrado -Palma de Oro al mejor guión en Cannes 2017- que el director griego puede superarse a sí mismo y correr hacia límites inimaginados esa barrera invisible que protege nuestros más íntimos temores.
Demasiado para Hollywood, esta vez la Academia decidió ignorarlo. El año pasado lo postuló al Oscar al mejor guión original por Langosta (Lobster), su primer filme en inglés, premio del jurado en Cannes.
En El Sacrificio… (The Killing of a Sacred Deer) Lanthimos nuevamente entrega a Colin Farrell  -un actor que rescató de una carrera mediocre-  el rol principal.
En la línea de Canino (2009), Alps (2011) y Langosta (2015) -sus películas más conocidas- en El Sacrificio… nos situamos en un mundo ordenado, casi impoluto, de una “normalidad” que se volverá surrealista y pesadillesca a sotto voce. El elemento fantástico aquí no tiene que ver con distopias, sino más bien con maldiciones y culpas. Y del humor (negro) de Langosta, nada.

ESCALOFRIANTE BARRY KEOGHAN

El Dr Steven Murphy (Farrell), un cirujano cardíaco exitoso, está casado con una oftalmóloga, Anna (Nicole Kidman, en uno de sus mejores desempeños), con quien llevan una cómoda y muy correcta vida y tienen una linda familia compuesta por una adolescente, Kim, y un niño, Bob.
Una burbuja dorada que se encargará de romper un indefinible chico de 16 años, Martin (Barry Keoghan, ¡extraordinario!), quien suele frecuentar a Steven.
Repulsivo por presencia, Martin es de hablar suave y modales afables hasta la exasperación. Ni el espectador ni la familia Murphy, ni el personal del hospital, saben, al comienzo, quién es y cuál es su relación con Steven. Este último -en un oblicuo intento de mantener las cosas en los márgenes de lo “normal”- lo invita a cenar a su casa; a su vez, Martin insiste en que el médico vaya a la de él para presentarle a su madre viuda (Alicia Silverstone, gran regreso). De a poco y sostenidamentelas apariciones de Martin se hacen cada vez más invasivas y atemorizantes.

EL MITO DE IFIGENIA

No es casual que este sea un mundo de médicos y hospitales. Ni que la imagen con que abre la película sea un primerísimo primer plano de un corazón latiendo. El cuerpo es un elemento central en esta tragedia, entendida literalmente: hay un sino que fatalmente se cumplirá, sin que nada ni nadie pueda evitarlo, ante la incredulidad y la desesperación del espectador.
El título de la película alude al mito de Ifigenia, enviada a matar por su padre, Agamenón, como sacrificio para aplacar la ira de la diosa  Artemisa, quien se apiadó de ella y en su lugar puso a una cierva.

REFINADO CINE DE DE HORROR 

Hay quien ha dicho que Lanthimos es un director que tiene algo de sádico. Si lo es, necesita de un espectador un tanto masoquista.
El exponencial crecimiento del cine de horror, en sus variantes más oscuras, da para pensar que este espectador existe. Pero El Sacrificio del Ciervo Sagrado no es entretenimiento para un público pop-corn, ese que consume películas gore con algún grado de conciencia de que lo que está viendo no es verdad; que vive el placer de atemorizarse, como en los juegos de la montaña rusa, sabiendo que caerse es altamente improbable.
Porque aún con el elemento fantástico que introduce en el relato, Lanthimos juega de manera tan eficiente con el realismo, que absorbe al espectador al punto de hacerlo perder esa noción de que le están contando una historia ficticia, hasta choquear al más duro.
Así, la diferencia entre los cientos de títulos del género horror y esta película es que -sin recurrir a litros de sangre- es verdaderamente incómoda, con ciertos toques kafkianos.
Incluso antes que el terror se termine de instalar, una tensión imperceptible ya se ha colado en medio de acogedores espacios, en conversaciones nimias, salpicadas, eso sí, de breves actos que provocan una cierta repulsión, los que, en todo caso, más  bien se insinúan que lo que se muestran.
Todo en un tono sobrio, límpido, escueto.
La atmósfera inquietante -por momentos desconcertantemente insoportable- no ceja durante las 2 horas de metraje.
Un asombroso y brillante ejercicio de lenguaje cinematográfico.
Muy fuerte y desafiante. Sólo para cinéfilos empedernidos.

 

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