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«SIEMPRE ALICE»: ESA REALIDAD QUE NUNCA QUISIÉRAMOS MIRAR DE FRENTE

("Still Alice") Reparto: Julianne Moore, Alec Baldwin, Kristen Stewart, Kate Bosworth. Dirección: Richard Glatzer y Wash Westmoreland. Basada en el libro de la neurocientífica Lisa Genova. EE.UU, 2014. Duración: 1 hora 40. Conmovedora e interesante. Véala.

«SIEMPRE ALICE»: ESA REALIDAD QUE NUNCA QUISIÉRAMOS MIRAR DE FRENTE


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Es cierto que hay mayor complejidad dramática en «Perdida» (David Fincher) y por lo tanto más espesor y matiz en el personaje de Rosamund Pike: puede ser que en justicia ella debió llevarse el Oscar a mejor actriz.
Pero desde que comenzó la temporada de premios supimos que Julianne Moore se llevaría ese Oscar.
Y es que «Por siempre Alice» es una película que existe y respira por ella y su delicada, potente, sobria, intensa -todo eso a la vez- interpretación.
Alice (J. Moore) tiene la vida perfecta: es una eminencia en lingüística, muy valorada en los más exigentes ámbitos académicos donde se desempeña; tiene un muy buen matrimonio con John (Alec Baldwin), un investigador en biología muy reputado; y tres hijos que los aman, una casada, otro con cambios frecuentes de pololas y la rebelde de la familia, Lydia (Kristen Stewart), que hace teatro en Los Angeles y se niega a ir a la universidad (aunque sea a estudiar arte, como le dice su madre).
La pareja vive cómodamente en Nueva York y tiene una preciosa casa en la playa.
Pero desde hace un tiempo Alice ha notado que olvida palabras y otras cosas con cierta recurrencia. Ha estado yendo al neurólogo sin decirle a John. Hasta que el médico, ya con exámenes en mano, le entrega su diagnóstico sin anestesia ni eufemismos: padece Alzheimer temprano.
Alice tiene 50 años.
Su enfermedad no sólo es irreversible sino que es de las que avanza inexorablemente.
La mujer bella, encantadora, luminosa, aguda y brillante que conocemos en las primeras secuencias -brindando en su cumpleaños, dando una charla- se va desdibujando y perdiendo muy de a poco cada uno de esos atributos.
Antes de perderse en el vacío Alice piensa en «la persona ambiciosa que fui», en que «siempre he sido definida por mi inteligencia» y que todo eso que ha acumulado «ya no me sirve». Vivir el momento, concluye, es lo único que vale la pena en la vida.
«Preferiría tener cáncer», le dice en un dramático momento a su familia, que no sabe qué hacer por ella.
Porque no hay nada que hacer.
Eso es Alice, un grito que interroga al mundo: ¿es que nadie en el siglo XXI puede hacer nada contra la crueldad del Alzheimer?

Categorias: Drama

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