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STEFAN ZWEIG, ADIÓS A EUROPA: LA BELLEZA Y EL DESCONCIERTO

Stefan Zweig: Farewell to Europe Reparto: Josef Hader, Aenne Schwarz, Tómas Lemarquis, Barbara Sukowa, Nicolau Breyner Dirección: María Schrader Alemania, 2016. Duración: 106 min.

STEFAN ZWEIG, ADIÓS A EUROPA: LA BELLEZA Y EL DESCONCIERTO

Exquisitamente filmada -cada imagen, cada secuencia, rezuman belleza y una cuidada y elocuente composición de cuadro- Stefan Zweig, adiós a Europa sigue el complejo trance del escritor vienés durante su exilio. Un destierro que externamente es glamoroso, rodeado de atenciones y agasajos, mientras que la expresión sombría del rostro de Zweig (Josef Hader), develan un alma inundada por una indescriptible incomodidad.
El contraste es fuerte: ya las primeras imágenes nos regalan un primerísimo primer plano que es una explosión de colores alegres. A medida que la cámara toma distancia (zoom back) observamos que es el gran centro de mesa de un elegante comedor que está siendo acondicionado por un ejército de sirvientes en cada detalle, hasta que entran los elegantes comensales.

RÍO, BUENOS AIRES. 1936

Es Río de Janeiro y el Ministerio de Relaciones Exteriores festeja a su distinguido visitante, un escritor que goza de fama mundial, que en Alemania ya no puede publicar sus libros y que de allí se dirige a Buenos Aires a un importante congreso de escritores.
Es 1936 y Zweig ha escapado tempranamente del nazismo.
Pero en los salones señoriales de la capital argentina, donde se ha reunido lo más granado de la literatura universal, sus  declaraciones a la prensa se oyen tibias cuando se le pregunta por lo que está ocurriendo en Europa. “No voy a hablar mal de Alemania”, le responde a un reportero del “New York Times”. Dice no pronunciarse de política, “no escribo desde el odio”. Elude declaraciones contra Hitler, cree que puede haber paz en Europa.”¿Es un cobarde o defiende su independencia como artista?”.
Es desconcertante porque enseguida, sentado en la testera, escucha un apasionado discurso de apertura del Congreso sobre la libertad para pensar y expresarse, la línea que separa la literatura y la política, el que concluye con la larga lista de nombres de intelectuales que han debido huir del régimen nazi -como Thomas Mann, Erich Maria Remarque y el mismo Zweig-, alocución que es aplaudida de pie.

LA EXQUISTA MANO DE LA DIRECTORA

Maria Schrader (Hamburgo, 1965), directora y coguionista, conduce a su protagonista en un itinerario que no parece tener rumbo, como le ocurre a él mismo: acusado de pusilánime, se lo ve como un hombre dubitativo, confundido, débil, frágil.
Schrader divide en 6 capítulos este recorrido, que incluye lugares amplios, de coloridos parajes -cuando no elegantes o llenos de gente-, donde se hablan unos cinco idiomas, pero que transmite el encíerro que siente este hombre errante en un circuito limitado, “al otro lado del mundo” (de su mundo), a quien no le sirve caminar “si no sabe a donde ir”.
La directora construye cada uno de los tramos con precisos tiros de cámara -alucinante la secuencia final de los espejos- y una cuidadosamente escogida paleta de colores.

BAHÍA, NUEVA YORK, PETRÓPOLIS

En 1941 Zweig está en un ingenio azucarero en Bahía, ya casado con su segunda mujer y secretaria, Lotte. Allí también -en medio de un paisaje exuberante y selvático- será homenajeado con flores y una banda lastimosa, mientras un alcalde azorado pronunciará con ingenuidad un discurso que es un despropósito (“un hombre sin patria no tiene futuro”).
De allí irán a Nueva York, donde, en el departamento que ocupa su ex mujer, se sucederá una singular secuencia, una verdadera coreografía de quehaceres domésticos que transcurre mientras el escritor escucha las minucias del exilio y los dramáticos detalles de la huida de parientes y amigos.
Todo ello abruma a este hombre indeciso que, como escritor siente que “estoy muerto ya”. Que se cuestiona qué es su obra comparada con esa realidad que recibe en desgarradoras cartas de auxilio y de boca de su ex mujer, de su hija, su yerno.
A fines de ese mismo año se mudará a Petrópolis, donde vive en ese momento la cónsul chilena Gabriela Mistral.
Siempre le acompaña un exterior tan radiante como sombría se siente su alma. Una fama que no lo consuela, lo precede.
Un conocido, exiliado como él, intenta animarlo: “ante todo, se vive en paz”. Pero las noticias que llegan de Europa, del avance nazi, terminan por destruirle cualquier esperanza. Judío y humanista, no tiene a dónde más ir.

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