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SWEET VIRGINIA : AMARGA ALASKA

Reparto: Jon BeImogen Poots, Rosemarie DeWitt, Jared Abrahamson. Director: Jamie M. Dagg Estados Unidos, 2017. Duración: 95 minutos

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SWEET VIRGINIA : AMARGA ALASKA

Ese aspecto de pueblo sin ángel ni identidad, no muy lindo ni muy feo, pero ordenado y somnoliento, se rompe en las primeras secuencias de Sweet Virginia.
Una  noche de calles vacías y húmedas (como siempre), con tres amigos medio jugando medio conversando, en un bar ya cerrado, termina con tres hombres baleados.
A sangre fría y por lo que parece un insulso conato de riña, un forastero les dispara y se preocupa de rematarlos en el suelo.
Elwood (Christopher Abbott, Viene de Noche), un tipo de pocas palabras, parece haber llegado a este pueblo perdido en un valle de Alaska para cumplir esta misión. Se instala en el motel que Sam (Jon Bernthal, Sicario (VER COMENTARIO ) administra con la ayuda de su sobrina huérfana. Sam es una antigua estrella del rodeo que aun tiene pesadillas con su última competencia, la que, entre otras huellas, le dejó una leve renguera.
Su fama también aún reverbera y Elwood lo reconoce. Hombres solitarios, traban una cierta amistad: el ceño adusto y tosco de Elwood se convierte en el de un fan cuando se da cuenta que tiene al frente a un campeón y que ambos son de Virginia.

ENTRE EL THRILLER, EL CINE NEGRO, EL DRAMA Y LA TRAGEDIA

Lo que el canadiense Jamie M. Dagg presenta como un sangriento thriller, muy pronto se dibuja como una pieza con elementos de cine negro, para abrirse a un drama con una deriva hacia la tragedia en su sentido mas clásico.
Para ello va arrojando sobre el tablero una coreografía de personajes que va dejando ver vidas fracturadas, frustraciones, engaños, apariencias que se van resquebrajando.
A Elwood y Sam, se suman las recientes viudas: la joven Lila (Imogen Poots), que llevaba 3 años de casada; y Bernie (Rosemarie DeWitt), con 18 años de matrimonio. Ninguna se nota afectada por la trágica muerte de sus maridos. Su indiferencia, apenas disimulada, tiene distintos motivos.
Estos cuatro personajes (excelentes actuaciones) van armando un relato que se mueve entre el suspenso, la tensión y la remoción de dolores viejos que se niegan a quedarse en el pasado. Todo aquello que no se ha dicho y no se dice.
Sweet Virginia es un relato a fuego lento, que no tarda en despejar los misterios que ha lanzado en las primeras imágenes, porque va poniendo el foco en dejar al descubierto las distintas esquinas de un drama que se ha ido fraguando a partir del tedio.
Si la figura violenta de Elwood provoca tensión, lo maligno que hay tras esta historia es algo mucho más elaborado que lo que este ser primitivo y dañado puede siquiera pensar.
Esa malignidad que suele reposar más en los sepulcros blanqueados que en la mente de un sujeto que no conoce más que la miseria y el abandono.
En Sweet Virginia coexisten la bondad y la maldad; la violencia cruda y lo trivial; la redención y el destino trágico; la banalidad y el dolor silenciado. Todo ello en medio de una atmósfera áspera que se agudiza hacia el final.
Una historia cargada y dura, muy bien filmada, con un guión sutil e intenso a la vez.

(En Netflix).

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