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TOY STORY 4: LOS JUGUETES TAMBIÉN PUEDEN CRECER

Animación Dirección: Josh Cooley Estados Unidos, 2019. Duración: 100 min.

TOY STORY 4: LOS JUGUETES TAMBIÉN PUEDEN CRECER

Hay generaciones que crecieron con Andy, Woody y Buzz Lightyear: Pixar había llegado en 1995 con otra de sus genialidades a decirnos “¿y si los juguetes tuvieran vida y sentimientos?”: ahora en 2019 se nos aparece con Toy Story 4 y podemos seguir asombrándonos.
Porque suma todo lo que necesita para ser una buena película: humor, emoción, suspenso, acción, ritmo y personajes ricos en complejidades viviendo una muy humana evolución. Y hasta desliza sus gotas de thriller sicológico como condimento.
Comienza en un raconto -hace 9 años- cuando Woody está en plena faena de líder heroico rescatando de una tormenta a uno de la pandilla.
Como una escena de película de acción, no acaban con el rescate cuando Woody ve que debe despedirse de la hermosa (y sorprendente) Bobeep.
Recién allí -a los sones “yo soy tu amigo fiel”- se inicia esta nueva aventura, remitiendo a la escena en que Andy regala sus juguetes.
De manera que hoy por hoy la preocupación del muy responsable y sobreadaptado Woody es Bonnie, una pequeñita que tiene temor de ir a su primer día de kínder.
¡Cualquier cosa para evitar que la pequeña sufra! Aunque no sea él su juguete favorito.
Del colegio Bonnie regresa con Forky, uno de los divertidos nuevos “personajes” de la saga.
Y nunca más se detiene la aventura y la acción, una que es exquisito ir descubriendo a medida que transcurre la película.

MÁS ALLÁ DE LA CONEXIÓN EMOCIONAL 

La conexión emocional que hacemos con la música y las películas cuando somos pequeños es fuerte y no se rompe con el tiempo… siempre que esas imágenes, esos sonidos, hayan apelado a algo dentro nuestro.

Los realizadores de Toy Story cuidaron este hilo afectivo con sus seguidores de todo el mundo y sus películas fueron creciendo junto con ellos: en la tercera, el niño que fue Andy ya se iba a la Universidad, como probablemente pasaba con muchos de sus espectadores, que habían dejado de ser niños.

¿Cómo dar otro giro que no fuese nada más subirse al vuelito de columpio de ese cariño?
Creando una historia imaginativa, en la que se deslizan inquietudes como la soledad, el lugar de cada quien en su entorno, cómo los demás pueden definir nuestra importancia en este mundo, las sorpresas que nos depara la vida y que a veces pueden ser dolorosas —las separaciones siempre lo son— pero que otras tanta nos conduce a mejores situaciones, aunque el cambio nos produzca temor. Para eso, hay decisiones que saber tomar.
A todo ello se enfrenta este equipo de juguetes en su infartante travesía por la carretera, el parque de entretenciones y aquella tiendita de objetos vintage.

EN SUMA:
Graciosamente tierna. Intensamente entretenida. Una gran reflexión sobre la vida en comunidad.

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