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CAPITÁN FANTÁSTICO : UN HERMOSO ERROR

Captain Fantastic Reparto: Viggo Mortensen,  George MacKay,  Missi Pyle,  Kathryn Hahn,  Frank Langella, Hannah Horton Director: Matt Ross Estados Unidos, 2016. Duración: 118 min.

CAPITÁN FANTÁSTICO : UN HERMOSO ERROR


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Capitán Fantástico abre con un extasiante plano aéreo sobrevolando verdes y tupidas copas de árboles.

En un claro del bosque, Bo, el mayor de los Cash, caza un venado con su cuchillo. De sus escondites —y también con el cuerpo camuflado con barro— emergen sus cinco hermanos y su padre, Ben. Este saca el corazón del animal y se lo da a comer a Bo: “Hoy el niño ha muerto. Y en su lugar, hay un hombre”, le dice Ben, completando el rito.

Ben (Vigo Mortensen) y Leslie Cash conformaron una pareja antisistema, anticapitalista, que es propietaria de un gran y lindo terreno boscoso por el que cruzan aguas cristalinas y cascadas, en un sector montañoso del estado de Washington. Allí han criado a sus 6 hijos (de entre 6 y 18 años aproximadamente), en una cabaña perfectamente organizada, como alguna vez lo hiciera Thoreau (solo y por dos años, eso sí), el autor de “Desobediencia civil”.

Esta pequeña tribu celebra el cumpleaños de Noam Chomsky y recitan como mantra “¡el poder al pueblo! ¡Abajo el sistema!”.

Los han educado fuera de la civilización que desprecian, con rigor, así es que hablan esperanto ( y varios idiomas), son capaces de recitar la Constitución y tienen una agenda que comienza por un intenso entrenamiento físico, por lo que también saben del cuerpo humano y de heridas; practican yoga nivel maestro, etc.

“La educación es un sistema de la ignorancia impuesta”, ha dicho su gurú. Así es que ellos no van a escuela alguna pero leen con interés y devoción a la luz de la fogata. Allí se leen solo los libros que Ben determina. Por eso cuando uno le reprocha a su padre por qué no celebran la Navidad como todo el mundo, no sabe qué responderle frente al argumento de su progenitor: “¿Prefieres celebrar a un duende mágico ficticio en lugar de a un luchador contemporáneo que ha hecho tanto por promover la comprensión y los derechos humanos?”.

Los Cash son el sueño hecho realidad de Thoreau y Chomsky.

Este paraíso se ha trizado por algo fuera de su control: hace tres meses, Leslie está internada en un hospital psiquiátrico. Un cuadro refractario de depresión severa la ha acompañado toda su vida (entendemos). Y contra todos sus principios (contra los hospitales, los médicos, etc.), Ben ha aceptado ingresarla. Pero ya era tarde. “Es un hermoso error. Pero un error. Pensé que la ayudaría. Pensé que en el bosque se mejoraría”, dice acongojado.

Leslie se ha suicidado y allí empieza el viaje de la tribu por “el mundo fascista”, hacia la casa de los suegros que han decidido enterrar a su hija budista, bajo rituales cristianos. Un sacrilegio. “Nosotros no nos burlamos de la gente. Salvo de los cristianos”, repite uno de los chicos.

El suegro es un radical de la vereda opuesta (o sea, un capitalista rico ultra conservador) y el choque entre estos dos hombres, que ejercen el patriarcado de muy distintas maneras, es esperable. Se odian, pero aman a Leslie. Sin embargo, ninguno de los dos terminará respetando los últimos deseos que ella ha expresado y planeado.

El viaje enfrentará a los chicos al resto del mundo. Sus primos solo saben jugar violentos videogames y aunque van a la escuela no son capaces de responder cuestiones elementales.

Pero Bo literalmente no sabe qué hacer frente a una chica de su edad.

El que en la condición humana entre aquello de que somos gregarios no está en el plan de Ben. Uno de sus hijos le increpa: “¡Soy un raro por tu culpa! ¡Nos hiciste raros! ¡Y mamá lo sabía! ¡Lo entendía! A menos que salga de un maldito libro, ¡yo no sé nada de nada!”.

Matt Ross, director y guionista, más conocido como actor (de TV principalmente) acertó en el casting, las atmósferas y el compromiso afectivo que logra instalar en el espectador. Pero no supo qué hacer con el final.

Lo que sí logra muy bien es que esta ensalada ideológica, finalmente exude humanidad, afectos sólidos, emotivos momentos y bastante humor. Incluso desde el antipático y prepotente suegro surge un abuelo afectuoso. El, como su mujer, que como todos aquí cargan con una dolorosa pérdida, adora a sus nietos y ellos a ella. Y en ese amor le cabe comprensión para su yerno, a quien le regala un bello tesoro: una iluminadora carta de su hija.

Desafiante y entrañable.

(En Fílmico, Paseo Las Palmas).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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