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COLUMBUS: UNA AUTÉNTICA DELICATESSEN VISUAL

Reparto: John Cho, Haley Lu Richardson,  Parker Posey,  Michelle Forbes,  Rory Culkin. Dirección: Kogonada Estados Unidos, 2017. Duración: 104 min.

COLUMBUS: UNA AUTÉNTICA DELICATESSEN VISUAL

El surcoreano Kogonada firma como director de Columbus, una película estadounidense que transcurre en esa pequeña ciudad de Indiana, a donde llega muy a contrapelo Jin (John Cho), a ver a su padre, un afamado arquitecto que se encuentra en estado de coma.
Allí conoce a Casey (Haley Lu Richardson), una chica que trabaja de bibliotecaria y que, como él, está atrapada en el lugar -sin sueños de volar a ninguna parte- acompañando (cuidando) a una madre adicta en recuperación. Al revés de Jin, lo suyo es una decisión propia: ella quiere permanecer en este pueblo que ama, aunque quienes la rodean siempre estarán preguntándole cuándo se irá, porque esa debiese ser la actitud natural; la de marcharse.
Colombus, conocida por su condición de museo abierto de la arquitectura estadounidense contemporánea, más que un escenario, es aquí un ente articulador de una improbable amistad. Como en Paterson (Jim Jarmusch) (VER COMENTARIO) es imposible concebir la historia de la película desacoplada de su escenario.
Casey conoce bien esta condición de su pueblo y se transforma en la guía de Jin: edificios, escaleras, parques, la casa Miller.
Siempre hay grupos de turistas dando vueltas por todos esos lugares emblemáticos.
Casey es una apasionada de la arquitectura y sabe con exactitud cuáles son esos lugares por los que vale la pena estar en Columbus; para Jin, ella se transforma en aquello que atenúa su disgusto por haber tenido que dejar Seúl. Es evidente la distancia emocional entre el famoso arquitecto y su hijo. Aunque Jin sí está enterado de su obra: “Mi padre cree en el modernismo con alma”, le comenta a Casey en estos recorridos.

UN CINÉFILO FILMANDO

En su opera prima, Kogonada evidencia lo que es: un cinéfilo que ha sabido beber con sensibilidad de ciertos maestros del séptimo arte, especialmente de Yasujiro Ozu y de Wes Anderson.
Meticuloso, detallista, asombra con un estallido visual de composiciones de cuadro exquisitas, geometrías perfectas, articulación de colores intensas y armoniosas. Como el maestro japonés, Kogonada filma pasillos y callejones, algo que exploró en su video ensayo Passageways.
La trama, con su carga melancólica, es aquello por donde circulan las cuidadas imágenes.

EL PLACER DE LAS CONVERSACIONES, LA BELLEZA DE LA ARQUITECTURA

En esta amistad Jin-Casey-Columbus reside el placer de las conversaciones, del estar en el sitio que se ama y desde allí, muy sutilmente, incluso ser capaz de entender lo que nunca se ha dicho. “Mi padre nunca puso su vida en pausa por mí”, confiesa Jin, como el niño herido que aún es.
Como todo en esta película, los diálogos son precisos, sencillos y llenos de sentido.
La dirección de fotografía de Elisha Christian responde magníficamente a la cuidadosa concepción, cuadro a cuadro, de Kogonada (nombre artístico que alude a Kōgo Noda, el guionista de Ozu).
Este es un cine elegante, una exquisitez para cinéfilos, arquitectos y artistas en general.

(En tienda Fílmico, Paseo Las Palmas, y en amazon.es).

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