Home » » VIVIAN MAIER, LA MUJER DETRÁS DE LA CÁMARA

VIVIAN MAIER, LA MUJER DETRÁS DE LA CÁMARA

VIVIAN MAIER, LA MUJER DETRÁS DE LA CÁMARA

(Intervención de Marco Antonio de la Parra, @marcodelaparra, durante el conversatorio realizado en el Instituto Cultural de Las Condes, en el marco de la exposición Vivian Maier, fotógrafa revelada. Corporación Cultural de Las Condes y Fundación Itaú).

Hay una distancia con la realidad que parece colocar cada foto. Captura pero distancia. Despierta el apetito de la realidad y al mismos tiempo se escabulle. Va hacia ella, dispara y caza pero se protege.
La foto es de época, incluso el omnipresente presente del wasap, la foto compulsiva hiper instantánea se convierte rápidamente en época.
Vivian Maier no deja que la toquen, no deja que la vean, los hombres son malos, la gente es mala. Ella marcha, no camina, ella fuerza a comer, no es dulce ni tierna. Ella acumula, teme la pérdida, teme el despojo, está atenta a las señales de la humanidad, el horror, el humor, el amor, es hiper sensible. Funciona como el autista que se aterra de la realidad y quizás por ello coloca entre ella y el mundo la cámara. Capturar imágenes es como jibarizarlas, es quitarles su peligrosidad. Sus fotos están tan repletas de sentimientos que hacen pensar en una contención prodigiosa, enorme, propia de una represa. Ella roza el mundo y sabe tocarlo. Como pocos sabe la magia del encuadre, elegir y capturar, la luz, la imagen, el mundo, el gesto. Pero no puede hacer nada con ello pues significaría dejar de ser “una espía”, tendría que encontrarse con el mundo, no puede “revelarse”, es incógnita incluso para su propia imagen. En sus autorretratos parece asombrarse de sí misma. No está buscando la belleza, está más allá de la belleza, donde está la humanidad, donde está la esencia de lo humano. El paisaje la atrae menos que la gente, la civilización, el pueblo. Es un mundo espiado, vigilado. Junta archivos y periódicos como un servicio de inteligencia que siente el mundo como una amenaza feroz. Y la amenaza parece estar proyectada, parecen ser sus propios intensos sentimientos los que teme. Se protege de su dolorosa percepción de su entorno.
Vive luchando contra el olvido propio, no el ajeno. No quiere exponerse, lo siente sobre exponerse. Necesita recordarlo todo como Funes el memorioso de Borges. Fotografía todo, lo filma todo, lo recorta todo. Si pudiera no viviría. Prefiere a los niños pues son víctimas fáciles de su verdadera pasión, su verdadera razón de estar en el mundo, capturarlo y dominarlo. A los niños los lleva al matadero, a los barrios bajo, se siente menos vigilada.
Finge ser extranjera. Más extranjera de lo que es. Oculta si puede su nombre, si puede no deja huellas. Pasó por la vida tratando de no existir y al mismo tiempo captando el existir en toda su plenitud. Carece de la más mínima brizna de ego como para firmar una foto. Vive al margen de la vida, al margen de todo, está oculta dentro de su cuerpo y su cámara es su verdadera relación con el universo.
Se viste mal, excéntrica, fuera de centro, fuera de foco. Sus fotos son un testimonio de su masiva y agobiante experiencia de realidad.
Le debe haber agotado ser ella. Le habría derrumbado ser reconocida. No habría podido con la fama.
Sus fotos son el resultado del pánico, la agorafobia. Se encierra en sus cuartuchos, entre sus recortes y sus negativos y sus rollos. Cautiva de su angustiante sensibilidad. Preciosa pero suicida.
Se tiene que proteger y se convierte en un ojo mudo. ¿Cómo saber qué pensó? ¿Qué buscaba en los recortes de diarios? ¿Qué fascinación por el mundo que habitaba no podía sujetar?
Todo era abismante en ella. Fotógrafa obsesivo compulsiva, mal de Diógenes de las imágenes, fotografió hasta su respiración. No dejó mirada sin registrar.
La vida corriente, cotidiana, debe haberle sido dolorosa y cruel.
El miedo seguramente la habitaba. Y al mismo tiempo la fascinación.
En esa convivencia torturante la solución era la fotografía.
La justa distancia con lo real.
La mediación.
Encarcelar en la imagen lo que descubría peculiar, exótico, curioso, aunque fuera meramente tierno.
Estaba dotada para cazar el destello más mínimo.
Pero no podía con su propio talento.
Y así se rindió. Y la vida la pilló acumulando sin mostrar hasta encontrarse con otro obsesivo, esta vez extrovertido y perseverante, que actuó como el hemisferio cerebral que le faltaba.
Y emerge el documental y las exposiciones.
Ella no podía desdoblarse y ser su propia agente. No toleraría la mirada que la viera autora.
Todo proceso creativo angustia al momento de la exposición. ¿Qué va a pensar el resto de mí? ¿Qué van a decir?
Ella era fotógrafa por una curiosidad salvaje e indómita.
Una curiosidad casi psicótica que se salvó del descalabro gracias al ojo de la cerradura de la vida que es la fotografía.
No podía dejar de mirar.
Era una espía. Una voyerista, una escoptofílica, una mirona voraz.
Hoy vemos el fruto de su cacería tímida, Fóbica social, desesperada en su contemplación de su entorno.
Nos deja sentir el placer de cada una de sus fotos. El placer que ella apenas toleraba. Intenso, demoledor, excitante.
Ella no podía aceptar que la descubrieran en ese goce prohibido.
No quemó sus huellas pues tampoco podía deshacerse de nada.
Su trabajo fue un acto de placer perverso, parafílico. Placer incompleto, parcial. No podía parar de hacer lo que hacía. La conectaba con su madre, con su infancia.
Vino a mirar el mundo y no podía dejar de ser esa curiosa pertinaz y feroz.
No tiene foto que deje indiferente. Hay que imaginarse como ella aguantaba ese estremecimiento que registra en cada uno de sus disparos.
Mal, lo convertía en negativos, en rollos sin revelar. No podía siquiera contemplarlos de nuevo. Acumulaba una experiencia que quedaba incompleta. No podía dejar que la vieran ver.
La descubriríamos en su insaciabilidad, su mirada dotada y porfiada, su esclavitud, su enfermedad, su bella patología, esa que demuestra que el arte y la perversión son hermanos mellizos.

Copyright Anajosefasilva.cl 2014


Notice: ob_end_flush(): failed to send buffer of zlib output compression (1) in /home/ulasaloc/public_html/anajosefasilva.cl/wp-includes/functions.php on line 4979

Notice: ob_end_flush(): failed to send buffer of zlib output compression (1) in /home/ulasaloc/public_html/anajosefasilva.cl/wp-includes/functions.php on line 4979