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MODO SUPERVIVENCIA: ENSAYANDO EL FIN DEL MUNDO

Jusqu'au déclin Reparto: Guillaume Laurin, Marc Beaupré, Réal Bossé, Marilyn Castonguay, Guillaume Cyr. Dirección: Patrice Laliberté Canadá, 2020. Duración: 83 min. En NETFLIX

MODO SUPERVIVENCIA: ENSAYANDO EL FIN DEL MUNDO


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Luego de una breve imagen algo difusa, Modo Supervivencia (The Decline, Jusqu’au déclin ) se inicia con una escena familiar, cálida, amorosa. Eso sí, es de noche, el padre saca apurado de la cama a su pequeña hija, se aperan con mochilas y linternas, mientras la madre los espera en el garage. Afuera, el auto recibe la lluvia y el agua nieve, suben a él y parten. Todo en medio de un barrio tranquilo, en algún lugar de Quebec.
Antoine y su familia son ciudadanos conscientes de la amenaza inminente del calentamiento global, de los estragos causados por la influenza, la gripe porcina y otras epidemias/pandemias. Se han dedicado a escuchar a Alain, un hombre que a través de su propio canal de TV informa de las proyecciones desastrosas que tendrán para la humanidad estos hechos. El sujeto ofrece en un vasto campo cubierto de nieve —rodeado de bosques y ríos congelados— que es de su propiedad, entrenamiento de supervivencia, en el que Antoine se inscribe.
Tras atravesar impresionantes e inmensos parajes llega a un punto donde lo espera Alain en su motonieve. En ese lugar debe dejar su auto y su celular, tal como han hecho los otros participantes.

PARA VIVIR HAY QUE SOBREVIVIR

El campamento —al que cada cual ha sido conducido por Alain con la vista cubierta— está espléndidamente equipado. En la acogedora cabaña de dos pisos del anfitrión, donde hay libros y un piano en el que le escuchamos interpretar el “Claro de Luna”, de Beethoven, se reúnen para cada comida. En la primera cena, brindis, agradecimientos y recodar el lema: “Para vivir hay que sobrevivir”.
En el variopinto grupo hay dos mujeres, una de ellas, Rachel, una ex soldado, con la que Antoine congeniará.
Los días están perfectamente planificados: Alain les enseña a cazar, a esquivar trampas, a cosechar en el invernadero, a disparar, a armar bombas caseras.
Entre las alegres fogatas de la noche, antes de que los pupilos entren a dormir a su carpa colectiva, todo transcurre de manera casi idílica.
Hasta que ocurre un accidente.

CUANDO LA VIOLENCIA SUSTITUYE A LA CONVIVENCIA   

&En solo 83 minutos, el director Patrice Laliberté (Quebec, Canadá) sumerge al espectador primero en un escenario casi bucólico, sin amenazas, para girar sin intervalos hacia un thriller que no se detiene hasta la última escena.
Los discursos cívicos del “ideal común” se hacen trizas ante una situación imprevista y fortuita y aquello que unos segundos antes era todo armonía, se desestructura hasta hacerse añicos.
Cada uno de aquel grupo muestra —en el pánico y la emergencia real— su verdadera cara, esa que apenas se asomaba entre los buenos modales y las mejores intenciones.
El ser humano “en laboratorio” no es el mismo ante una apremiante y concreta amenaza. El miedo se instala, las diferencias se extreman a niveles agudos y ponerse de acuerdo se convierte en una utopía. Aquello que los unía —buscar una forma organizada y metódica para salvarse ante un inminente colapso— se esfuma cuando un peligro se aparece aquí y ahora. La violencia sustituye a la convivencia.
Laliberté conduce con mano segura una historia de acción lineal y sencilla, pero muy tensa y trepidante, con pequeñas y grandes sorpresas a lo largo del camino.

(En Netflix).

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