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«TERREMOTO, LA FALLA DE SAN ANDRÉS»: A TODO EFECTO DIGITAL

("San Andreas") Reparto: Dwayne Johnson, Carla Gugino, Alexandra Daddario. EE.UU., 2015. Duración: 114 minutos. PUEDE QUE LE ENTRETENGA. PREDECIBLE.

«TERREMOTO, LA FALLA DE SAN ANDRÉS»: A TODO EFECTO DIGITAL

«Terremoto, la falla de San Andrés» es una película, del subgénero desastres naturales, que consigue entretener parcialmente, aunque usted adivine la historia de principio a fin y, como buen/a chileno/a, no hay modo que se espante después del 27F.
Por lo demás, tal como se dice en la película, nada ha superado al 9,5 Richter de 1960 de Valdivia, Chile.
La cosa empieza así: el bueno y súper capo de Ray (Dwayne Johnson, La Roca), piloto de rescate, muestra su habilidad y la de sus compañeros recogiendo a una chica atrapada en su auto en la ladera rocosa en el valle de San Fernando: un movimiento telúrico la ha desbarrancado.
Mientras, el sismólogo Lawrence Hayes (Paul Giamatti) ha estado desarrollando un modelo predictivo de terremotos y tiene a la falla de San Andrés -que atraviesa California- en la mira. Buscando ciertas conexiones, él y su equipo viajan a la presa Hoover en Nevada y allí los sorprende un terremoto.
De regreso a sus oficinas, Hayes descubre que pronto se vendrá otro más grande en California y otro peor en San Francisco.
En Los Angeles se ha quedado la ex esposa de Ray, Emma (Carla Gugino), mientras que la hija de ambos, Blake (Alexandra Daddario), ha viajado a San Francisco en el avión privado del novio de su madre, Daniel.
Mientras Emma está en un restorán vidriado de un rascacielos almorzando con la ex de su novio (Kylie Minogue) en el centro de LA y su hija en otro edificio en San Francisco, la falla de San Andrés comienza a abrirse de lado a lado.
Y aquí vienen los efectos digitales y lo que ya se imagina: mientras todos huyen de allá para acá y todo es un destrozo, Ray verá de ingeniárselas para rescatar a su ex y a su hija.

Hay cosas que usted ya debe haber notado: hay secundarios que no se mueren nunca -o lo hacen muy al final de la película- porque los actores que los encarnan son más o menos importantes.
Lo otro sí que lo sabe con seguridad: desde que el cine cuenta con el recurso digital, cualquier cosa puede ser destrozada, destruida, zamarreada, reventada. Rascacielos, cientos de autos, puentes como el Golden Gate, aviones, represas gigantes, barcos cargueros. Y las olas del mar pueden llegar al infinito y más allá si se trata de armar un tsunami.
Bien. Todo eso se despliega en pantalla, mezclado con los tensos y dramáticos momentos de rescate familiar, con las dificultades del caso.
Si le suena conocido es porque se han hecho hartas películas con guiones casi idénticos. La diferencia es la mentada digitalización -que hemos visto ya en otro montón de películas «gringas»- que permite montar desastres a toda orquesta.
IDEAL PARA: paseo familiar (sin niños chicos porque es muy larga para ellos).

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